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En una semana, el presidente pidió, un día, a Perú y Honduras afrontar “el embate del conservadurismo”; y, otro, se negó a condenar de tajo la invasión rusa a Ucrania, aunque México mismo ha sido víctima de invasiones por parte de potencias extranjeras. Es una pequeñez alarmante ante la historia.

Honduras y Perú andan en sus asuntos domésticos cotidianos, como cualquier hijo de vecino, y el presidente mexicano se entromete en esas tonterías. Pero el planeta puede entrar en guerra y el presidente mexicano se rehúsa a tomar una posición definida de estadista y no condena, pide dialogo.

Rusia invadió a su vecino Ucrania sin existencia de conflicto alguno, pero la postura de México es tibia: “Reitera su llamado a una salida política al conflicto en Ucrania y respalda al Secretario General de la ONU en pro de la paz. Trabajamos con otros países para encontrar un espacio de diálogo”.

Chile, en cambio, no dejó dudas de su energía: “Rusia ha optado por la guerra como medio para resolver conflictos. Desde Chile condenamos la invasión a Ucrania, la violación de su soberanía y el uso ilegitimo de la fuerza. Nuestra solidaridad estará con las víctimas y nuestros humildes esfuerzos con la paz”.

Lo peor es que la posición de México no tiene que ver con falta de talento en política exterior, sino de una decisión de Estado de estar más cerca del bloque de países bajo la esfera de influencia ideológica rusa, que se negaron a condenar la invasión, como Cuba, Venezuela, Nicaragua, Corea del Norte…

Hace un mes, se colocó en el grupo detestable de países que enviaron con representantes en la cuarta toma de posesión del tirano nicaragüense, Daniel Ortega, con Rusia, Belarús, Cuba, Turquía, Venezuela, Vietnam, China, Corea del Norte, Irán, y Siria. Esos son los aliados que se ha buscado México.

Pero además se buscó otros aliados con los cuales va de la mano en diferentes foros, como Filipinas, Uzbekistán, Eritrea, Gabón, Indonesia, Libia, Mauritania, Namibia, Burkina Faso, Costa de Marfil, Armenia, Bahréin, Bangladesh, Argentina, Bolivia, Pakistán, Senegal, Somalia y Sudán.

O sea, el gobierno mexicano de hoy no vota, ni está del lado del mundo libre, con el Estados Unidos de Joe Biden (tardó 62 días en reconocerlo como presidente), Francia, Reino Unido, Canadá, Alemania, España. El presidente ni participa en las reuniones globales: G-20, Davos…

Eso escogió. Y escoger es renunciar. Escogió, en plena invasión rusa a Ucrania, en medio del movimiento de global de tropas más grande desde la Segunda Guerra Mundial… mandarle una carta al gobierno de Austria para que le preste el penacho de Moctezuma.

Aun escogida, no deja de ser una política exterior ya ni siquiera de aldea.

Es de chabola.