El Tren Maya es de las obras que mejor simboliza el doble discurso del castrochavista presidente de México:

1.- Se disfraza de indígena, entrega bastones de mando, se hace limpias con chamanes en público. Pero destruyó media selva, cavernas y cenotes que representaban para los mayas el universo donde viven sus dioses para la lluvia que alimenta la gran selva.

2.- Firmó un decreto para proteger los objetos sagrados de los pueblos indígenas. Pero a su gobierno se le perdió el millón de piezas arqueológicas halladas en la construcción de la obra, según Instituto Nacional de Antropología e Historia de Quintana Roo.

3.- Casi rompe relaciones diplomáticas con España porque su gobierno no ofrece perdón por la conquista. Pero España formó a los 50 militares que conducen las máquinas y los 30 que controlan el tráfico, en un programa diseñado para la Sedena.

4.- Preconiza la austeridad con el dinero de quienes pagan impuestos, pero los despilfarra como si ese dinero fuera suyo: gastó 511.2 mil millones de pesos en construir la obra, cuando en un inicio costaría 156 mil millones de pesos.

5.- Prometió acabar con el grupo de empresarios privilegiados que acaparaba negocios del gobierno. Pero volvió a colocar a Carlos Slim en primer lugar de los más ricos de América Latina, al darse casi toda la obra: le ha dado ya casi 150 mil millones de ingresos.

Y eso que, la empresa constructora de Slim incluida, participó también en la construcción de la línea 12 del Metro de la CDMX, que colapsó, según la investigación del NYT, basada en documentos oficiales, entrevistas con constructores de la obra y análisis de evidencias.

6.- Dijo que no permitiría corrupción, amiguismo ni nepotismo, pero Latinus publicó audios y documentos sobre una red de negocios y tráfico de influencias en el Tren Maya orquestados por uno de sus hijos, con un amigo íntimo de nombre Amílcar Olán.

7.- Garantizó la calidad de la obra. Sin embargo, es igual que las que inaugura y funcionan a medias, como Dos Bocas, AIFA, aeropuerto de Tulum, la Megafarmacia… todas, en conjunto, a un sobrecosto superior al millón de millones de pesos.

Sí, porque a poco más de un mes de inaugurada la obra, los viajes tienen retrasos de dos horas y, cuando por fin arranca el tren, el avance es lento hasta detenerse por completo. El aire acondicionado falla, y debe viajar con las puertas de los vagones abiertas.

Ocurre que los pasajeros tienen que ser trasladados en autobuses, en lugar de en el tren, porque éste no consigue ponerse en marcha, tanto que, Eticket, la empresa que vende los boletos suspendió la venta de los mismos hasta nuevo aviso.

Puro humo.