El principal aliado ideológico del gobierno mexicano, el dictador de Venezuela Nicolás Maduro, será investigado en la Corte Penal Internacional por crímenes de lesa humanidad, que incluyen el asesinato extrajudicial de cinco mil 94 opositores políticos.

Maduro, su número dos y la cúpula militar, serán investigados por barbaridades que la izquierda continental sólo acepta para Pinochet, pero que este aliado del gobierno mexicano ha superado “de conformidad con las políticas del Estado”, según la ONU.

La Corte Penal Internacional investigará lo que ya condenó la ONU. Por ejemplo, que por órdenes y a sabiendas del sátrapa, en Venezuela:

–Se usa la tortura “para extraer confesiones o información, contraseñas telefónicas y de redes sociales”

–Se usan métodos inhumanos “para obligar a una persona a incriminarse a sí misma o a otras personas, en particular a líderes de la oposición de alto perfil”.

–Los opositores son “sometidos a posiciones de estrés, asfixia, golpes, descargas eléctricas”

–Los presos de conciencia sufren “cortes y mutilaciones, amenazas de muerte y tortura psicológica”

–Todos los crímenes, detenciones ilegales y abusos se realizan “con el apoyo directo de los altos funcionarios del gobierno”.

El anuncio de la Corte Penal Internacional abre esperanzas a las víctimas y familiares ejecutados extrajudicialmente, presos de conciencia, de torturados y de abusados en cárceles militares y del servicio de inteligencia de la dictadura.

Pero no hay que esperar nada del régimen fraudulento venezolano, por el hecho de que haya “respetado sin aceptar”, la decisión de la Corte, pues únicamente la “respeta sin aceptarla” para lavar un poco la cara antes de las elecciones que quiere hacer este mes.

Maduro no cumple ningún compromiso: acaba de reventar las negociaciones que le organizó en la CDMX el gobierno mexicano con la oposición, para lograr que los comicios del 21 de este mes fueran los primeros con vigilancia internacional en una década.

Y las rompió sólo porque Cabo Verde extraditó, a Estados Unidos, a un intermediario suyo que armó una ingeniería financiera, ante empresas mexicanas y de otros países, para violar las sanciones de Washington. Pues, porque le dio la gana.

Sin embargo, aunque a Maduro todo le haga lo que el viento a Juárez, el anuncio de la investigación de la Corte golpea aún más su deshecha imagen, a nivel internacional, de asesino, narcopresidente, gobernante espurio y salteador al despoblado.

Porque lo de la Corte se junta con la condena de la ONU por “crímenes de lesa humanidad”, tras estudiar los informes de una Misión Internacional Independiente, que revisó la situación de los derechos humanos en Venezuela.

El gobierno mexicano tiene el deber moral de condenar a Maduro.

Porque es un gobierno que se autoconsidera “humanista”.