En el gobierno mexicano suenan las alarmas: un testaferro de Maduro fue extraditado a Estados Unidos, y el ex jefe de espías de Chávez va para allá. No fue casual que aquí devolvieran el lunes a un guerrillero invitado del PT, un partido aliado del gobierno.

Rodrigo Granda, un líder de las FARC estuvo horas en el aeropuerto de la CDMX hasta que Migración lo rechazó. Venía a un evento del PT, que en 2009 postuló como candidata a diputada a Lucía Morett, herida en un ataque a un campamento de las FARC en 2008.

Las autoridades mexicanas debieron detenerlo y entregarlo a la Interpol, ya que tiene una orden de búsqueda y captura mundial, por el asesinato de la hija del expresidente de paraguayo Raúl Alberto Cubas.

Pero un hombre de acción del castrochavismo, un guerrillero comunista, era demasiado para que lo detuviera un gobierno como el mexicano, que acaba de conceder su Fiesta Patria al gobernante designado de Cuba, país que dirige el bloque populista continental.

Así que nomás le pidieron regresarse, aunque el guerrillero venía como Juan por su casa a un seminario del PT, pese a tener Ficha Roja de la Interpol. Sin embargo, hoy cochinero del populismo latinoamericano no está como para moverle.

La Casa Blanca es permisiva con el gobierno mexicano porque éste le persigue migrantes, pero la situación hoy está al rojo vivo, con el testaferro de Maduro, Alex Saab, preso en Florida, y Hugo Carvajal, el jefe de Inteligencia de Chávez, preso en España.

En ese entorno debe leerse el rechazo a este jefe de las FARC, pues Saab negocia una rebaja de 15 años de cárcel en Florida. Y Saab está vinculado, desde 2019, a negocios en México que violan las sanciones de Washington a Venezuela por prohibir la democracia.

Y Carvajal está declarando en una cárcel española sobre el financiamiento ilegal de la dictadura venezolana a aliados del gobierno mexicano: los Kirchner, Evo Morales, Lula, el colombiano Petro y el partido español Podemos…

Por eso, el no recibimiento al guerrillero colombiano es una reacción del gobierno mexicano similar a la que tomó cuando el celebradísimo asilo a Evo Morales acabó misteriosamente, tras la visita del fiscal general de Trump, William Barr.

Hasta ahora, la 4T juega con la cadena, no con el mono. Mientras persiga mirantes, puede repartir gestos políticos a Cuba y sus satélites, pero cuando siente cerca el calor de la Casa Blanca da un paso lateral, como con Morales y ahora con Granda.

Porque Estados Unidos les pondrá a Saab y a Carvajal un ventilador delante, y ellos van a tirar basura al por mayor.

Como el ventilador de la 4T a Lozoya aquí, pues.