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México encabeza un boicot que escupe a Estados Unidos el pastel de la Cumbre de las Américas, pidiendo la asistencia del dictador Ortega, quien ayer cerró las organizaciones que apoyan a mujeres víctimas de la violencia y de rescate a jóvenes de las pandillas.

Con las 25 de ayer, van 75 Organizaciones No Gubernamentales cerradas por Ortega, algo que parece el sueño del presidente aquí, pues casi a diario acusa a Estados Unidos de financiar, entre otras, a la ONG “Mexicanos contra la Corrupción y la Impunidad”.

Y cerró los 109 fideicomisos que beneficiaban a la sociedad civil, aunque llegó a la presidencia con uno, permite a los militares crear nuevos y compró una refinería en Texas con el dinero de un fideicomiso que creó Felipe Calderón.

De ahí la defensa al régimen de Ortega: si pudiera, lo instauraría aquí. Y México estuvo en la cuarta toma de posesión del sátrapa, con Belarús, Cuba, Turquía, Venezuela, Vietnam, China, Corea del Norte, Irán, Rusia y Siria.

En cambio, no olvidemos que estuvo 67 días sin reconocer el triunfo electoral de Joe Biden en la mayor democracia del mundo; y que le dio el Zócalo y el discurso principal del 16 de septiembre al dictador cubano Díaz-Canel.

Y ahora, es la cabeza visible del boicot armando en La Habana para descarrilar la Cumbre de las Américas, de la cual será anfitrión el presidente estadounidense en Los Ángeles a finales de este mes.

Estos boicots se hacen en Cuba, adonde acaba de ir el mandatario mexicano. Los cubanos le escupieron a Peña la Cumbre Iberoamericana de 2014 en Veracruz: no sólo no vino Raúl Castro, sino que tampoco mandó a Maduro, a Evo Morales ni a Ortega.

No importó que Peña asistiera a la Cumbre de la CELAC en La Habana; ni que le condonaba a Cuba un 70 por ciento de la deuda que tenía entonces con México: unos 340 millones de dólares de un total aproximado de 500 millones.

Esta vez, los cubanos encargaron la labor de zapa al presidente mexicano, quien nada más asumir el poder fue destapado por Maduro en La Habana como el rostro visible del castrochavismo en los pasillos diplomáticos del continente.

“Empieza a configurarse una nueva situación geopolítica en el continente, una nueva ola antineoliberal y el presidente mexicano jugará un papel clave a la cabeza de un frente progresista regional”, anunció el dictador venezolano.

El presidente mexicano tomó el batón: de reclamar la presencia de Venezuela, Nicaragua y Cuba en la próxima Cumbre de las Américas, pasó a defender y a alinearse, ya sin tapujos, a las tres dictaduras, tras su reciente estancia en La Habana.

Es el que da la cara por ellas.