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El error de cancelar el aeropuerto de Texcoco se verá aquí en unos años, como Venezuela ve hoy el error del despido de Chávez, en 2003, de 17 mil 871 altos gerentes y técnicos de PDVSA: Venezuela no puede producir gasolina y debe contrabandearla en Irán.

Por eso Alex Saab, el testaferro de Maduro, está preso hoy en Florida: cuando cayó, en Cabo Verde, estaba comprando gasolina prohibida en Irán para Venezuela, porque PDVSA ya no puede abastecer ni siquiera la demanda interna de combustible.

Al momento del despido de aquellos 17 mil 871 altos gerentes y técnicos (por “neoliberales”, según Chávez), PDVSA encabezaba el ranking mundial en empresas petroleras, y Venezuela tenía las mayores reservas de crudo en el planeta.

Después, el sucesor designado por Chávez tuvo que echar mano de Saab, un consumado contrabandista internacional, para conseguir combustible en el mercado negro mundial, pues PDVSA está destartalada. Este año estuvo 90 días sin gasolina, por ejemplo.

Y México va por el mismo camino. Apenas en 2018, cuando el actual gobierno empezó a administrar el país, Pemex se encontraba en el selecto grupo de las 10 marcas petroleras más valiosas del mundo. Pero la semana pasada salió de ese escalafón.

En tres años, Pemex perdió 38.4 por ciento de su valor en el mercado y, según su rendimiento de operación, la paraestatal

necesitaría un siglo para pagar sus deudas, que superan ya los 120 mil 000 millones de dólares.

De acuerdo con el analista Macario Schettino, “aún descontando el costo financiero, así como los derechos e impuestos que paga al gobierno Pemex ya es incapaz de recuperarse, a pesar del desesperado rescate que intenta el gobierno.

Y el Fondo Monetario Internacional, la calificadora Moody’s, el Consejo de Estabilidad del Sistema Financiero (integrado por las autoridades financieras de México), son contundentes: Pemex es una contingencia para las finanzas del gobierno.

Como en la Venezuela de 2003, en el México de hoy sólo avizoran el desastre los especialistas, esos que el presidente denigra en las mañaneras, entre quienes figura, por cierto, su primer secretario de Hacienda, que renunció en cuanto atisbó el cataclismo.

Porque en este momento, el presidente tiene para contentar a las mayorías con los poquitos de dinero que, como en el presupuesto 2022 que le aprobarán sus diputados, llegan a los hogares más necesitados, junto con las remesas de los paisanos.

El peligro para los mexicanos que tienen hoy 15 años, es que sus mayores votarán para que esos poquitos de dinero regalado sigan fluyendo, al igual que los venezolanos de 2003 con Chávez, aunque hubiese hundido PDVSA.

Y en 2020 su sucesor ya necesitaba un traficante para buscarle gasolina ilegal en Irán, hasta…

Que se lo encarcelaron.