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La figura de la revocación de mandato puede tener un efecto inhibitorio sobre el gobernante electo y un efecto inflamatorio sobre la oposición.

Al primero lo pone desde el primer momento a pensar sus decisiones no como gobernante sino como candidato camino a su ratificación o despido en tres años.

A la segunda le acorta la oportunidad de resarcir su derrota y la activa desde el primer momento camino a su revancha.

A los dos les siembra el virus insaciable de lo que habría que llamar electoralitis. A la sociedad y a los votantes los pone en el horizonte de una agitación política continua camino a las siguientes elecciones.

El efecto del virus en los gobernantes será, a querer o no, el inmediatismo. La posibilidad de una revocación de mandato en tres años reduce los tiempos para dar resultados. Suspende, o reduce sustantivamente, la visión de largo plazo, se impone el cálculo trienal.

La noción de que hay que sembrar cosas fundamentales en el primer año para cosecharlas en el sexto se reduce a la mitad: hay que sembrar solo cosas que puedan madurar y cosecharse en el año tercero.

Porque el juicio final sobre el gobierno, mediante la figura de la revocación, se presentará en el tercer año, no en el sexto.

La revocación de mandato vacunará a los políticos contra toda decisión cuyos resultados no puedan cosecharse rápido.

El acortamiento de los plazos para cosechar resultados refuerza la mentalidad política cortoplacista, ésa que de por sí nos desespera en la vida política.

Apenas se habrán sentado los gobernantes electos en su silla de mando, cuando ya estarán pensando en tomar el avión hacia la siguiente campaña electoral.

Hay tiempo de gobernar y tiempo de hacer campaña, aunque se gobierne siempre con un ojo en las elecciones y las elecciones sean siempre una ruta al gobierno.

La figura de la revocación de mandato duplica el tiempo de hacer campaña y acorta a la mitad el de hacer gobierno.

En el fondo es como tener elecciones presidenciales cada tres años. Una para ver quién gana, otra para ver si se puede tirar al que ganó.

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