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A cinco años del Caso Iguala, resulta abusiva la promesa oficial a los padres de que sus 43 hijos van a regresar. Porque aquellos estudiantes fueron secuestrados, asesinados, incinerados y arrojados al río San Juan, por el Cártel Guerreros Unidos, al señalarlos como miembros del Cártel Los Rojos.

Pero el tiempo que dedicó la administración pasada a llegar a esta conclusión, fue usado por grupos activísimos de izquierda para ideologizar el hecho con un éxito de comunicación abrumador, desde llamarle Caso Ayotzinapa, aunque fue en Iguala, hasta hacer creer que los 43 siguen vivos.

Para determinar que fueron secuestrados, asesinados, incinerados y arrojados al río San Juan, por los Guerreros Unidos, al creerlos miembros del Cártel Los Rojos, trabajaron a cientos de policías, agentes, científicos, universidades y centros de investigación de México y el extranjero.

Confesaron Felipe Rodríguez Salgado, de Guerreros Unidos y ejecutor directo; Patricio Reyes Landa, Jonathan Osorio Gómez y Agustín García Reyes, también participantes en el crimen; así como 142 implicados más, 77 de los cuales quedaron libres después, por ser maltratados en los interrogatorios.

Y el mejor laboratorio del mundo en pruebas de ADN, el de la Universidad de Innsbruck, identificó como correspondientes a normalistas, dos restos calcinados encontrados en el basurero de Cocula, mediante el método científico más avanzado que existe: extracción de ADN mitocondrial.

Además, un centenar de peritos, el Instituto de Biología de la UNAM, el Imperial College de Londres y la Oficina Forense de Norfolk dieron certeza a las investigaciones acerca de que la mayoría de los cuerpos fue quemado en el citado basurero.

En cambio, los activísimos grupos de izquierda que ideologizaron el caso, lograron tirar todo lo anterior basados en el estudio de un ingeniero civil peruano que consideró que en el citado basurero no había “ninguna evidencia de que allí se pudiera incinerar inclusive un solo cuerpo”.

Basó su estudio en “alguna variabilidad en la literatura” y en “un par de fotos del basurero”. La izquierda y los padres le creyeron más que al Grupo Colegiado de Expertos sobre Fuego, que concluyó que en el basurero fueron incineradas al menos 17 personas en un incendio de grandes dimensiones.

El triunfo de comunicación de la izquierda en el Caso Iguala echó una cortina de olvido sobre sus responsabilidades políticas en el hecho, porque los normalistas desaparecieron en un municipio y un estado gobernados por la izquierda: el alcalde Abarca y el gobernador Aguirre.

Hasta Morena debió sustituir a su candidato a gobernador en Guerrero, Lázaro Mazón, quien como alcalde de Iguala había heredado a Abarca a Felipe Flores, el jefe de Policía Municipal que entregó a los 43 a Guerreros Unidos.

Todos ellos convirtieron un colosal drama humano…

En una farsa.