Regreso sin gloria de López Obrador

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Carlos MarínEl asalto a la razón

En el retorno a sus mañaneras, el presidente López Obrador advirtió que no usará cubrebocas y nadie será conminado a utilizarlo

En el retorno a sus mañaneras, el presidente López Obrador advirtió que no usará cubrebocas y nadie será conminado a utilizarlo.

Jactancioso, dijo que tampoco se vacunará contra el virus que lo forzó a la reclusión.

—¿Usted va a usar cubrebocas? —se le preguntó.

—No. Ahora ya, además, de acuerdo con lo que plantean los médicos, ya no contagio.

—Pero en este mismo espacio el doctor López-Gatell ha reiterado que inclusive las personas vacunadas tendrían que usar el cubrebocas. ¿Aún así…?

—No, y respeto mucho al doctor Gatell. Es un muy buen médico y ha ayudado mucho para conducir este proceso —replicó.

Es tan falso que respete al subsecretario de Salud como preocupante su desdén a las recomendaciones que han estado haciendo las instituciones y los especialistas más reconocidos en México y el mundo, insistentes en la conveniencia del cubrebocas por ser virtualmente la mejor vacuna contra el covid-19 con que se cuenta, en tanto se dispone de las verdaderas.

La afirmación de que sus “médicos” (no dice quiénes, pero sí que los comanda el secretario de Salud, Jorge Alcocer) le “plantean” la peligrosa tontería de que “ya no contagio”, revela que deposita su confianza, su vida y la de los demás en bribones charlatanes. D

e vacunarse, dijo que pudo hacerlo, pero “no abusé”, y criticó a los mandatarios de otros países que han aceptado inmunizarse: “Hay jefes de Estado, presidentes, que se han vacunado. Han sido de los primeros.

Esas personalidades, con el pretexto, la argucia, de que ellos dan el ejemplo para que la gente, fíjense la triquiñuela, para que la gente tenga confianza y no le tema a la vacuna”.

Otra falsedad: los aludidos fueron vacunados porque ninguno con tal nivel de responsabilidad debe poner en riesgo su vida. Son factores decisivos de la seguridad de sus naciones.

Si de ejemplo se tratara, lo pusieron antes, por ejemplo Biden, usando cubrebocas.

López Obrador arguye: “Tenemos que pensar en la igualdad, todos somos iguales…”, lo cual es otra evidente falsedad.

Sus irresponsables “médicos” le han hecho creer que “ya tengo anticuerpos”, porque “todo indica que cuando uno padece del covid-19 ya (los) tiene uno durante algún tiempo; que todavía no se sabe a ciencia cierta cuánto tiempo, pero se tiene una protección, se tienen anticuerpos, …”.

La confusión que carga es variada y conceptual, como cuando trata de justificar que no se impondrá el uso del cubrebocas: “En México no hay autoritarismo, todo es voluntario y cada quien debe de asumir su responsabilidad”.

¿Es autoritarismo imponer la sanitaria medida en el transporte público? ¿O “represivo” impedir el acceso a quien se niegue usar el artefacto? ¿Los contagiados asintomáticos tienen derecho a infectar a los demás? “Prohibido prohibir”, volvió a machacar ayer, como si la libertad incluyera permitir el contagio y eventual asesinato  de otros.

Y a propósito de “autoritarismo” y “libertad”, ¿por qué López Obrador se pone cubrebocas cuando viaja en los aviones comerciales…?

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