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Harto de escribir sobre el Covid-19, anuncio a los lectores que, cuando menos, esta semana los libraré de tal monserga. En mis dos colaboraciones escribiré sobre el asesinato del Presidente Venustiano Carranza, ocurrido hace cien años; la madrugada del 21 de mayo de 1920 . Mi punto de partida es la frase: “Aquel que no conoce su historia está condenado a repetirla”, máxima atribuida a varios autores aunque la mayoría de citas señala que fue creación de Napoleón Bonaparte.

El prestigio de Napoleón como creador de dichos históricos memorables es desproporcionado a los que un hombre de acción, como era él, pudo haber acuñado en su vida.

Y lo que sucede con Bonaparte en los temas cívicos, militares y políticos, sucede con Confucio en los concernientes a la filosofía, los sentimientos y la pasión. Creo que el asunto tiene que ver con el Marketing. En materia de humanismo el chino es mejor vendedor, inclusive, que Paulo Cohelo quien está colocado en el segundo lugar de la Tabla de Posiciones de Sentencias Sensibleras y de Autoayuda.

Supongamos: Un estudiante de filosofía articula un precepto que suena bien y tiene cierta dosis de sabiduría. Alguien le propondrá: “Endósaselo a Confucio para que te lo crean” Según esto, Confucio (551-479 a. C) es creador del axioma: “Si un pájaro te dice que estás loco, debes de estarlo, porque los pájaros no hablan”.

Pero entre dichos y flautas ya se fue casi la mitad de la columna. La tendencia que tengo a la disgregación es semejante a la inclinación de algunos políticos a la depredación. (Políticos no de los de hoy, por supuesto. Políticos de los de antes. De los de hace 15 días).

Los hechos fueron los siguientes: Al aproximarse la elección del sucesor de Venustiano Carranza, la voluntad de éste era que su heredero fuera un civil, el ingeniero Ignacio Bonillas, exembajador de México en Estados Unidos. Sin embargo, los generales Álvaro Obregón y Pablo González se sentían con mayores méritos para la Máxima Magistratura. El primero tenía la aureola del triunfo sobre Pancho Villa en el Bajío y el segundo detentaba el estigma de haber acabado con Emiliano Zapata, a través de un sicario subordinado: Jesús Guajardo. Al ingeniero Bonillas sólo lo conocía su familia y no toda. (Se supo de un tío segundo y dos primos que, por primera vez, oyeron hablar de él cuando don Venustiano expresó que sería un buen candidato).

Don Venustiano no cesaba en su pretensión de candidatear al ingeniero, sin pensar que don Ignacio no tenía la menor posibilidad de ganar. Así definió Martín Luis Guzmán al coahuilense: “nada superaba en él su obstinación; nada a su incapacidad de reconocer sus errores”. ¿No les suena parecido a alguien que conocemos?

En desacuerdo con la decisión electoral del presidente, la mayoría de los generales, los que tenían mayor número de tropa, los más importantes, los que sustentaban al gobierno carrancista defeccionaron. El 6 de mayo Carranza publicó en los periódicos de la Capital un manifiesto en el que explicaba su propósito de “no entregar la Presidencia sino legalmente”. Terminaba diciéndoles a los sublevados: “El poder público no debe ser ya premio de caudillos militares cuyos méritos revolucionarios no excusan posteriores actos de ambición”.

Al día siguiente, con los pocos miembros del ejército que permanecían a su lado sin que él supiera quiénes lo acompañaban para sostenerlo y quiénes para traicionarlo oportunamente; una tropa de cuatro mil hombres; una columna del Colegio Militar; la Hacienda pública; los miembros de la alta burocracia, algunas familias, muebles y hasta presos políticos, abordó el Tren Dorado con la intención de trasladar su gobierno a Veracruz.

El Tren Dorado fue una herencia de don Porfirio, tren de lujo con oficina, alcoba y restaurante presidencial, además sala para recibir embajadores. Ni Harry Wilson tenía uno igual. (Continuará)