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Ocho personas fueron detenidas y vinculadas a proceso por distintos casos de despojo de inmuebles en la alcaldía Azcapotzalco
Nacional Aseguran más de 54 mil kilos dextrosa anhidra en Manzanillo, Colima; sustancia es utilizada como precursor químico
La dextrosa anhidra es una sustancia que puede ser usada de forma indebida como agente diluyente o de corte en drogas
Deportes Necaxa destituye al entrenador Martín Varini
Tras los malos resultados en el Apertura 2026, Necaxa anunció el fin de su vínculo con el entrenador uruguayo Martín Varini
Deportes Elena Rybakina vence a Aryna Sabalenka y conquista el US Open 2026
Rybakina derrotó a Sabalenka por 6-4, 5-7 y 6-2 en dos horas y 21 minutos para conquistar el US Open 2026
Nacional Alerta Amarilla en la CDMX para hoy sábado 12 de septiembre de 2026 por fuertes lluvias
El Gobierno de la CDMX activó la Alerta Amarilla por fuertes lluvias para la tarde y noche del sábado 12 de septiembre de 2026

Soy aficionado a los toros, más aún, desde niño quise ser torero. Pasé mi infancia y los albores de la adolescencia toreando a los perros que hubo en casa. En especial recuerdo a un bóxer al que le corté las orejas y el rabo. A un pastor alemán cruzado con uno de la calle, le cuajaba faenas casi todas las tardes. Me fabriqué una muleta con media cobija, a la que, con unas ligas, le puse un palillo o estaquillador, como ayudado o estoque simulado, usaba los restos de un bastón-espada que fuera de mi abuelo al que le quité la curva de la empuñadura –al bastón, no a mi abuelo.

Cuando terminé la preparatoria mi padre me dijo: Me imagino que vas a hacer una carrera, ¿qué vas a estudiar? Le contesté: No pienso estudiar, quiero ser matador de toros, no sé si te has dado cuenta que todos los días entreno toreando al perro. Mi padre que tenía guasa, me replicó: Sí que me he dado cuenta, pero pensé que querías ser matador de perros, ¿por qué no lo dijiste antes y en lugar de perro hubiéramos tenido toro? Total, sí hice una carrera, pero delante del toro. No fui torero porque los toros resultaron más grandes que los perros y mi miedo más grande que los toros.

¿A qué viene lo anterior en estas páginas de política y sociedad y no en la sección deportiva adonde se ha confinado al toreo, o en el apartado de cultura donde debería de estar como lo que es, un arte en movimiento, manifestación de la cultura popular de España y, por ende, de la de algunos países hispanoamericanos? Aunque también hay corridas de toros en el sur de Francia y en Portugal.

Respondo a mi larga pregunta: Integrantes del Partido Verde Ecologista de México –el partido nini, ni es verde, ni es ecologista y, si me apuran, ni partido político–; sí, el mismo que por conducto de su dirigente y dueño fundador, el Niño del mismo color, ha permitido, en aras del negocio, la depredación de los manglares en el estado de Quintana Roo; con una doble moral y sin que venga al caso puesto que llevamos casi dos años sin temporadas en la Plaza México, hicieron, el pasado viernes, una manifestación a las puertas del coso máximo, con el pretexto de que “estamos viviendo una crisis que nos lleva a entender que la pandemia no es casualidad, es una consecuencia del maltrato que hemos hecho –aclaración no pedida, acusación manifiesta– al medio ambiente y a los animales”.

Para sustentar la importancia ecológica del toro bravo, cedo la muleta al ganadero mexicano, Antonio de Haro, quien en una pieza audiovisual disponible en Internet: youtube.com/watch?v=R4ZXarmf1YE hace la defensa del toro bravo. Resumiré el espíritu de su disertación:  El toro bravo es un guardián de la ecología porque crece libre sin que el humano pise y descomponga su hábitat lo que propicia la protección de las abundantes flora y fauna cercanas. Los ganaderos de bravo son animalistas, son ambientalistas, son ecologistas. Por cada toro bravo que va a una plaza, después de cuatro años de vivir libre en un espacio abierto, nueve bovinos de su especie –sementales, vacas y crías– se quedan en la ganadería, unos en espera de ser lidiados, los otros y las otras vivirán ahí hasta morir por vejez. Si quieren acabar con el toro que se mata en las plazas, extinguirán la especie y la flora y la fauna aledañas.

Por último, sugiero a los del Partido Verde que si de veras quieren acabar con la fiesta de los toros, nombren como dirigente al señor Rafael Herrerías, el mismo que en su gestión como incompetente empresario dejó a la fiesta herida de muerte. Afortunadamente, para el toreo, sus patrones –tan culpables como el del estropicio– le sonaron los tres avisos.