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Se escucha en distintos medios, cada vez más, que insistir públicamente en la telaraña de la corrupción mexicana favorece el triunfo de López Obrador.

(La corrupción era antes, con el PRI, una pirámide; ahora, con la democracia, es una telaraña).

Es posible que hablar de la corrupción beneficie a López Obrador. Quiérase o no, es hasta ahora el único aspirante político de vuelo presidencial que ha puesto la corrupción en el centro de sus propósitos y ofrecido una solución al problema que empieza con una promesa sobre su propia conducta.

La solución puede parecer delirante (cuando el presidente sea honesto, todo mundo lo será), pero es clara, comprometedora y personal. La solución no somos todos, dice López Obrador: la solución soy yo.

Loco, cínico o lo que se quiera, pero nadie más lo dice. Nadie sale a la plaza pública con esa convicción y esa claridad.

Nadie tampoco refuta la petición de principio de la honestidad que López Obrador presume de sí mismo y, por extensión, de su movimiento y su partido. Sus adversarios y críticos le han dejado completo ese campo central de la contienda de 2018.

Así las cosas, lo que necesitan la opinión y la vida públicas de México no es bajar el volumen del debate sobre la corrupción, que ya tiene dueño político, sino hablar más, multiplicar las voces y las críticas para democratizar la discusión sobre el tema y también, sobre todo, para que las autoridades y los poderes políticos, los partidos, los empresarios, los jueces, los legisladores, actúen ya, hoy, antes de las elecciones, contra la ola de corrupción que nos ahoga.

Nadie teme tanto la victoria de López Obrador como el gobierno. Nadie tiene tampoco tantos instrumentos para arrebatarle la bandera con hechos.

Castigar ostensibles corruptos del gobierno y del PRI le daría legitimidad al gobierno y al PRI para hablar contra la corrupción.

Acciones sostenidas en ese frente de todos los actores políticos y de los poderes fácticos arrebatarían el monopolio del tema a López Obrador y servirían a la sociedad exasperada.

¿A quién beneficia políticamente hablar de corrupción? A los mexicanos que están hartos de ella.

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