Pandemia por coronavirus (Cobertura especial)

Que ya termine pero que nunca se olvide

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José Luis CuevasBalón al óleo

Que ya termine, que se vaya, pero que nunca se olvide. Será la mejor manera de rendir homenaje a todos los que ya no están, también, a los que lucharon hasta el final para conquistar la gloria.

Que ya termine, que se vaya, pero que nunca se olvide. Será la mejor manera de rendir homenaje a todos los que ya no están, también, a los que lucharon hasta el final para conquistar la gloria. No fue fácil este 2020, y más que nunca como en tiempos lejanos, las redes sociales, los televisores y los radios, fungieron como ese periódico que llegaba días después para contarnos hazañas, el entretenimiento como nunca fue reconocido, valorado y el deporte jugó un papel fundamental.

 

Desde entonces, los estadios no han sido los mismos, las gradas han tenido que extrañar el color que solo un aficionado puede matizar. El deporte en tiempos de pandemia nos regresó a la melancolía con la que se vivía en los años donde no pasaba nada, o donde al menos, el tiempo no era necesariamente el presente inmediato al que nos acostumbramos.

 

“Oxígeno puro” fue la reactivación de las principales ligas en el mundo, algunos para enfrentar la ansiedad y la soledad de lo que simbolizaba estar en casa, tuvimos que contratar televisión satelital para acompañar las mejores ligas del mundo, después de todo, no todos los años puedes presumir que trabajas desde casa y que por curioso que parezca, tuviste el tiempo para ver todos los partidos.

 

El 2020 trajo consigo una serie de actuaciones memorables, como momentos tristes que nunca esperamos. Kobe Bryant y Diego Armando Maradona confirmaron su lugar en la historia, el misticismo de su legado no pasó desapercibido aunque a decir verdad, nunca estuvimos preparados para su adiós. En ese sentido un genio de la estadística, una gran pluma y un amigo, se fue cuando todo parecía ir mejor. Al gran Jorge Witker no me faltó decirle nada y solo espero no defraudarlo en ese gran futuro que siempre me vaticinó.

 

Si de los nuestros se trata, el deporte mexicano vivió un gran 2020, lejos del futbol, una vez más las gratas sorpresas llegaron donde menos las imaginamos. Deportes que parecían enterrados con su euforia en tiempos mejores, volvieron para darnos motivos de no caer, de resistir y de gritar a los cuatro vientos de donde somos. Renata Zarazúa no dejó de brillar en el Abierto Mexicano de Acapulco, en Roland Garros confirmó su calidad y cayó con la cara al sol ante Elina Svitolina, el Premio Nacional del Deporte nunca estuvo en mejores manos. Y si de manos se trata, Sergio Pérez firmó un 2020 para nunca olvidar, para gritar y presumir, las postales quedaron en la memoria de todos, cuando su adiós de la F1 parecía confirmarse, el piloto mexicano sacó la casta y ya sin trabajo alguno, disfrutó como pocos sus carreras, nunca antes la incertidumbre se manejó de mejor forma.

 

Y si de formas se trata, ahí apareció el ansiado título de Serie Mundial para los Dodgers de Los Ángeles, la resiliencia con la que dos mexicanos afrontaron sus carreras, al fin tuvo un final feliz. Víctor González y Julio Urías fueron protagonistas en una novena llena de presiones y donde los dos mexicanos no necesariamente eran estelares, pero si protagonistas en el juego de sus vidas, el que terminó con un ayuno de 32 años para la escuadra angelina. Así se va el 2020, un año donde pudimos confirmar nuestra fragilidad, pero también, nuestra capacidad para reinventarnos, para extrañar a los que ya no están, pero también para sacar el pecho y poner cuando toque.

 

Viene el 2021, ahora no toca decir si será mejor o peor, pero lo que hemos vivido en 2020, siempre tendrá motivos para seguir adelante. Esta es la última, pero al mismo tiempo la primera de muchas historias más que espero seguir compartiendo en este espacio.

Gracias por tus comentarios, tus críticas, pero sobre todo, gracias por seguir ahí, un gusto compartir contigo este 2020.

 

 

HASTA LA PRÓXIMA

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