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La velocidad con que se resolvió el asunto lleva a preguntar por segunda ocasión, ¿qué necesidad tenía Manuel Arroyo, dueño de El Financiero, de comprarse un pleito con los antiguos propietarios, la familia Cárdenas Estandía? Un pleito que le acarrearía desprestigio. ¡Por un millón y medio de dólares!

Apenas el martes y miércoles de la semana pasada se confirmó la noticia de que Grupo Lauman, la empresa que edita El Financiero, había incumplido la liquidación de los últimos cinco pagarés, de 375 mil dólares cada uno, para dejar saldada la compra del diario. Y que un juez ordenaba medidas precautorias para ejecutar el pago de ese adeudo.

Costaba entenderlo, pues en año y medio Grupo Lauman había lanzado con estruendo y lujo un diario rediseñado y un canal de noticias.

El mismo martes de la semana pasada, apenas difundimos la noticia, Grupo Lauman respondió que estaba en total disposición y posibilidad de satisfacer los pagarés vencidos. Y así fue. Ayer informó que “las partes en litigio convinieron en dar por terminada la controversia, a través de la liquidación total de los adeudos”.

No puede afirmarse que el pleito haya concluido, porque hasta la tarde de ayer el depósito por el monto de los pagarés, los intereses y las costas de los abogados demandantes no había ingresado a las cuentas de la familia Cárdenas Estandía.

Pero la transferencia seguramente se registrará en las próximas horas y tan, tan. Así de sencillo. Qué necesidad tenía Manuel Arroyo de exponerse de esta manera.

Es una historia difícil de creer. Lo cierto es que ocurrió.