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Hay gestos diplomáticos que tienden puentes y otros que, sin intención o por descuido, exhiben incoherencias y desorden en la política exterior que López Obrador dejó destartalada.

Con motivo del mundial de futbol, la presidenta Sheinbaum invitó a México al rey de España, lo que encaja en ese terreno incómodo, confuso y contradictorio.

Nada especial ––y menos un detalle reparador del desaire cuando no lo convidó a su toma de protesta–– porque semejante cortesía se tuvo con un titipuchal de jefes de Estado y de Gobierno.

Por lo que la mandataria dijo esta semana, Felipe VI sigue sin satisfacer la virola exigencia —asumida y reiterada por ella— de que el rey pida perdón por los “abusos” cometidos en la Conquista.

Lo invita pero no lo exime; le abre la puerta pero le regatea el reconocimiento de que el monarca ya dijo que se cometieron fregaderas, pero que sucesos de hace más de cinco siglos no pueden juzgarse bajo la moral contemporánea.

En poco más de siete años la diplomacia mexicana se extravió en un arranque de revisionismo histórico con tufos de arenga escolar. El origen del enredo comenzó en 2019, cuando López Obrador le envió al rey una insolente carta, conminándolo a disculparse por lo que llamó “abusos”.

Por carecer de sentido histórico y jurídico, el rey no respondió.

Reclamarle lo que hicieron otros es un despropósito demencial, y más cuando México no es una nación de agravios congelados, sino una sociedad mestiza, afortunada mezcla —a veces violenta, siempre compleja— de indígenas precolombinos y conquistadores.

Nos guste o no, somos hijos de unos y otros.

La presidenta consideró “un gesto de acercamiento” que Felipe dijera que se cometieron abusos.

¿Para ella, él es ya un interlocutor válido?

O sigue siendo un deudor moral en falta permanente.

Invitarlo mientras se minimiza lo que dijo suena más a desliz que a estrategia diplomática.

El estulto reclamo equivale a que España o Gran Bretaña le pidieran al presidente de Italia suplicar perdón por las invasiones del

Imperio romano, o que Francia lo haga por las campañas napoleónicas.

Si de agravios históricos se trata, ¿Por qué ni López Obrador ni Sheinbaum han reclamado a Trump el despojo de los territorios en el siglo XIX?

El episodio actual con España es inconsistente y, en rigor, Sheinbaum tiene opciones más coherentes:
a) dar por cerrado el rencoroso capítulo y asumir que las relaciones con España deben regirse por el presente, o
b) sostener el reclamo con todas sus consecuencias, lo que implicaría, entre otras cosas, no invitar al jefe del Estado español.

Mantener la exigencia de disculpas mientras se extiende una invitación protocolaria no es diplomacia: es contradicción, y las contradicciones no acercan, exhiben.

La historia universal es un catálogo de conquistas, abusos, asesinatos y saqueos como los que cometieron también mayas y tenochcas con otros mesoamericanos.

Sucesos, pues, que no pueden corregirse con declaraciones tardías, conferencias mañaneras ni actos de contrición heredada…

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@CarlosMarin_soy