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La encuesta “Preferencia y escenarios para el 1º de julio 2018” de consulta Mitofsky, realizada especialmente para El Economista, reveló que a cinco meses de la elección para la Presidencia de la República, Andrés Manuel López Obrador, precandidato de la coalición Juntos Haremos Historia, se mantiene a la cabeza en la preferencia electoral con 23.6 por ciento; mientras que Ricardo Anaya, candidato de la alianza Por México al Frente, está en segundo lugar con el 20.4% de la predilección del potencial electorado; en tercer lugar con el 18.2% de la tendencia del voto ciudadano está ubicado José Antonio Meade, precandidato de la coalición Todos por México.

Según la mencionada encuesta, Andrés Manuel y Anaya subieron, con respecto al sondeo de opinión realizado un mes antes, 0.6 y 0.4 respectivamente, el precandidato que representa al PRI sin pertenecer a él tuvo una preocupante baja de 1.2. ¿Qué le sucede a Meade, quien no obstante tener toda la maquinaria priista a su servicio en lugar de subir baja en la simpatía popular?

¿Influirá en la opinión pública el hecho de que la coalición que apoya a Meade esté compuesta por el descompuesto Partido Revolucionario Institucional (PRI), el Partido —por la mitad— Verde Ecologista de México (PVEM) y Nueva Alianza, partidos que no tienen buena imagen ante los ciudadanos? (Por cierto este último ya no quiere ser identificado como el Panal porque la abeja reina que lo fundó se portó mal, al punto de ser encerrada en las celdillas —y no de cera—. Al parecer, la Elbeja Esther quien, tiempo atrás, estuvo con los tricolores, luego con los azules y contra los amarillos, salió de su reclusión con daltonismo: no distingue colores. Aunque no falta quien opine que, luego de cinco años en la sombra, paradójicamente, la maestra se ve morena).

Por cierto, la precitada coalición originalmente fue bautizada como Meade ciudadano por México, pero el Instituto Nacional Electoral (INE) no les permitió usar el nombre original, que si bien era una simulación —¿qué cosa de la política mexicana no es simulación?—, con ese nombre se pretendía destacar el hecho de que el pentaexsecretario era un simple ciudadano y no un político a ultranza —palabra que rima con transa—. El nombre con el que sustituyeron a la mencionada coalición: Todos por México, no dice nada. Suena hueco y huele a naftalina.

También puede incidir en la baja intención del voto por Meade el contrasentido que implica, por un lado, el querer que la sociedad lo perciba como un auténtico candidato ciudadano, mientras que por otro les pide a los priistas: “Háganme suyo”. Eso es algo equivalente al tipo que, durante su luna de miel, una noche se va de putas.

Meade tiene la ventaja de no tener imagen de corrupto, pero como es precandidato del PRI, al expresar su deseo de luchar contra la corrupción, mienta la soga en la casa del ahorcado. Me da la impresión de que los priistas de abolengo, los que han vivido muchos años de la corrupción, cuando su precandidato toca el tema, le aplauden por no dejar, pero por dentro piensan: Sí, tú, ándale…

También, considero, le ha faltado congruencia entre su discurso y su campaña publicitaria. El lunes 15 de enero en Pachuca, Hidalgo, durante el foro Puntos de Encuentro, en la sede estatal del tricolor, el precandidato manifestó: “En México nadie puede volver a nacer en pobreza extrema. En México, quien nazca en la siguiente administración (supongo la suya), nacerá libre de pobreza extrema que hoy todavía nos lastima, eso quiere decir salud, eso quiere decir vivienda, eso quiere decir alimentación, eso quiere decir educación y eso estará presente en la vida de todas las niñas y niños que nazcan en México”. Dos días después, sale un anuncio donde se ve a un político de espaldas que expresa: “En México ya no va a haber más pobres, ¿y saben cómo le vamos a hacer? Acabando con la pobreza”. La cámara sale de la pantalla en la que se veía al “prometedor” para captar a José Antonio Meade en su oficina, se dirige a la cámara: “No, hombre, son unos genios: dar discursos sobre la pobreza es muy fácil, lo difícil es apoyar a quien no tiene lo suficiente como lo hicimos en Sedesol, donde salieron de la pobreza extrema 2 millones de mexicanos”.

Otra contradicción. En varios discursos, Meade se ha confrontado con los dos precandidatos que van adelante de él. Sin embargo, súbitamente, Meade cambió el tono en un anuncio en el que proclama: “La gente está harta de lo que está pasando en las precampañas, que López Obrador es un peligro, que Anaya traiciona, que los independientes no lo son tanto, que si no soy del PRI pero soy su candidato”. Luego dice que hay “gente valiosa en todos los partidos”; “hay una cosa que nos une: las ganas de trabajar”.

En tanto su jefe de campaña, Aurelio Nuño, su vicecoordinador de mensaje, el chapulín Lozano Alarcón, y sobre todo, el presidente nacional del PRI, Enrique Ochoa Reza —único itamita con modales de porro universitario—, no cesan de atacar a los contrarios, sobre todo al puntero Andrés Manuel, al que llama simplemente López, como en las peores épocas foxistas del desafuero.

La gente percibe, siente, piensa y conoce el refrán: dime con quién andas y te diré quién eres.