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Me llama un atento y querido lector para poner en duda mi juicio de que la intervención de las fuerzas armadas en estos años ha multiplicado la violencia en vez de contenerla.

Su convicción es otra: sin la presencia del Ejército no se podría caminar por muchas ciudades y regiones del país, tomadas por el crimen.

¿Qué pasaría, pregunta, si en este momento se retiraran las fuerzas armadas a sus cuarteles?

Mi respuesta es que no lo sé. Nadie puede saberlo. El último año de referencia que tenemos en que las fuerzas armadas no estaban involucradas directamente en operativos contra el crimen organizado es 2006.

La situación era entonces mejor que ahora, como por unos 200 mil homicidios.

Lo que dicen las cifras y los hechos terribles de 2007 a 2017 es que la guerra contra las drogas y el crimen organizado no disminuyó la violencia, la multiplicó.

Las fuerzas armadas han sido actores centrales de esa guerra, contra su voluntad, contra sus destrezas profesionales y contra sus mejores instintos históricos.

Mi lector tiene razón: en muchas regiones y muchas ciudades, la presencia de las fuerzas armadas ha sido durante estos años una isla de seguridad en el gigantesco mar del fracaso de la creación de cuerpos de policías locales y federales capaces.

Acierta mi lector también en que, llegados al punto de violencia en que estamos, sería absurda la idea de retirar de golpe a las fuerzas armadas a sus cuarteles.

Absurdo es también, añado, persistir en el camino que ha ensangrentado al país, repitiendo ciegamente una fórmula fallida, sin detenerse a revisarla.

Quizá mi lector y yo tenemos razón al mismo tiempo: la intervención de las fuerzas armadas ha multiplicado la violencia y su presencia es hoy por hoy necesaria para la tranquilidad de muchas zonas del país.

La pregunta clave, creo, es ¿por qué las fuerzas armadas tienen que estar ahora en tantos sitios y antes no? ¿Por qué en 2007 la crisis de seguridad estaba radicada solo en algunos puntos del territorio nacional y ahora está presente en tantos?

La situación que vivimos hoy tiene una historia que normalmente se calla o se da por supuesta. La he contado otras veces aquí. Trataré de contarla otra vez mañana.

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