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Reprocha López Obrador que los jueces resuelvan “bajo la excusa del Estado de Derecho”.

Pues debiera, si no felicitarlos, cuando menos reconocérselos… o revelar cuál es la “excusa” presidencial para difamarlos.

De la improcedente, intimidatoria y calumniosa carta que dio a conocer se infiere que no leyó la defensa de los jueces que hizo el sábado el ministro Arturo Zaldívar o, peor, que le tiene sin cuidado lo que piense el titular del Poder Judicial de la Federación, quien había tuiteado:

“Las y los jueces federales actúan con independencia y autonomía. El #CJF (Consejo de la Judicatura Federal) garantiza que puedan ejercer su función con absoluta libertad. Sus fallos pueden ser recurridos, pero siempre respetados bajo la óptica de la independencia judicial”.

El madrugador ataque vuelve a evidenciar que AMLO ignora tanto los rudimentos del Derecho como el papel de los medios (que desde luego no es aplaudir a su gobierno sino destripar las lacras de los poderosos).

Lo suyo lo suyo, a costa de lo que sea, es la confrontación.

Con tantos “adversarios” como imagina y sus recurrentes acusaciones, insinuaciones, generalizaciones y difamaciones a todo lo que no pueda capitalizar, resulta incomprensible que se ufane de andar “bien y de buenas” porque parece que de veras vive una pesadilla plagada de moros con trinchetes y conspiraciones.

Ante la facilidad con que injuria, ya no sorprenden tanto sus colosales dislates como que ninguno de sus achichincles le haga ver que los jueces especializados conceden la suspensión provisional de casi cualquier acción gubernamental contra particulares de manera prácticamente automática (civilizado recurso de los pocos en que se cumple la ideal aplicación rápida y expedita de justicia).

Por algo tan simple de entender no debiera condenar una resolución como la del juez Juan Pablo Gómez Fierro, contra quien apunta las baterías de su arbitrario poder de los poderes.

En sus temas de “contexto”, altísimo es el contraste de su rijosa embestida con el sedoso trato que sigue otorgándole a su zar anticovid, atrapado in fraganti cometiendo el delito contra la salud pública con sus letales exhalaciones del virus de la peste (y para qué abundar en su inmoral espaldarazo al prepotente sexópata en vías de convertirse en violador constitucional del estado de Guerrero).

Su imprudente conminación para que se investigue al juzgador que por hacer su trabajo está en la hoguera carece de todo sentido, como también la andanada de infundios contra el ministro en retiro José Ramón Cossío (ex compañero de páginas en MILENIO), Mexicanos Contra la Corrupción, los señores X. González y los malditos medios periodísticos “tradicionales”.

“Bajo la excusa del Estado de Derecho”, el ministro Zaldívar tiene la obligación de honrar la dignidad e independencia del Poder Judicial, la Suprema Corte de Justicia y el Consejo de la Judicatura que encabeza, y demostrar sin el menor tapujo que no se les puede tratar como vasallos de la Presidencia de la República.