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“Tom, me sorprendes. Si algo es cierto en esta vida, si algo enseña la historia, es que se puede matar a cualquiera”: Michael Corleone (El Padrino II). Parece guion de esa película el spin oficial sobre el crimen de Carlos Manzo: estaba muy cuidado, pero lo mataron.

Sí, según el gobierno, Manzo tenía una escolta de 14 soldados y vehículos de la Guardia Nacional, más policías municipales: una treintena de escoltas no pudo impedir que lo mataran. Entonces el mensaje es tétrico: en México nadie está a salvo.

Y el mensaje es tétrico, porque si al alcalde de Uruapan, la persona más públicamente marcada para la muerte que había en México, el gobierno no pudo protegerlo ¿qué le espera a los ciudadanos de a pie que salen diario a buscarse el sustento?

Lo peor es que el mensaje es un reto del narco al gobierno de México: aquí mandan los cárteles, nadie puede impedir que maten a quien se les antoje. La vida y la muerte dependen sólo de la decisión de a quien le pongan la cruz en la frente.

Ni los emperadores romanos tuvieron tanto poder. Y no se trata sólo de balazos, necesarios cuando lo son: es que el gobierno no desmantela sus estructuras financieras y de reclutamiento. Y hasta cuida su lenguaje para siquiera para un hasta aquí verbal.

Ajá, les reclama a todos (oposición, medios, columnistas), a todos, menos a los que mandan matar.

El propio secretario de seguridad federal, Omar García Harfuch admitió que ni decenas de guardaespaldas pueden impedir que maten a alguien: “Los agresores aprovecharon la vulnerabilidad de un evento público para organizar el ataque”. Pues sí: a eso se dedican.

Matan a quien les da la gana: el 21 de julio de 2024 asesinaron en una pollería a Milton Morales, asesor de confianza del propio Harfuch, y quien había desarticulado a la Unión Tepito y decomisado droga de los cárteles.

El 20 mayo pasado asesinaron a tiros a los dos funcionarios más cercanos a la jefa de Gobierno de la CDMX, Clara Brugada: también los agresores aprovecharon la vulnerabilidad de la muchedumbre para organizar el ataque.

Hace dos semanas, mataron al abogado David Cohen afuera del Tribunal Superior de Justicia de la CDMX: también los agresores aprovecharon la vulnerabilidad de la hora pico peatonal, con el área llena de policías bancarios, auxiliares y judiciales.

Todos los asesinados de este recuento eran figuras públicas poderosas, y a todos los mataron en público y con una facilidad pasmosa ¿Por qué los mataron con una facilidad pasmosa? Porque en México se puede matar con una facilidad pasmosa.

Sí, el mensaje es tétrico: el Estado y sus gobernados están indefensos.

Aquí se puede matar a cualquiera.