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En EU hay instituciones que se respetan y que constituyen contrapesos efectivos en contra de determinados arranques de Trump, pero en materia del TLCAN, ahí sí tiene un botón rojo en su escritorio

Al primer lugar que volteamos por cierta inercia ahora que Donald Trump aparece como un animal herido es a las negociaciones del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) por ese temor de que desquite su furia y busque satisfacer a su dolida clientela política dando un zarpazo al acuerdo comercial.

Ayer terminó la primera ronda de negociaciones aparentemente sin ningún sobresalto, nada fuera del guión, que sabíamos incluiría la estridencia alevosa de Estados Unidos y el toque hipster del gobierno canadiense de Justin Trudeau.

Cada una de las delegaciones regresa a sus cuarteles con la certeza de que no será una negociación sencilla y que esa idea de tener un acuerdo renegociado, acordado, terminado y ratificado para el próximo año antes de las elecciones federales mexicanas parece un sueño guajiro.

Pero aun en el sinuoso camino de trascender los corchetes y lograr un buen resultado, queda siempre la posibilidad del rompimiento derivada de una reacción visceral del presidente Trump.

La semana fatal que acaba de pasar el presidente de Estados Unidos desata la especulación de si tendrá como resultado meterlo en cintura por parte del círculo menos reaccionario que parece llevar ventaja o si bien sacará lo peor del tirano que carga y se radicalizará.

En ese país hay instituciones que se respetan y que constituyen contrapesos efectivos en contra de determinados arranques, pero justamente en materia del acuerdo comercial de América del Norte ahí sí tiene un botón rojo en su escritorio que puede sacar a Estados Unidos de la sociedad si lo aprieta.

Ante lo impredecible, seguir trabajando y esperar. Los que han mostrado menos paciencia y algún grado de decepción que los puede llevar a la corrección son los mercados bursátiles estadounidenses.

Esa abundancia que se desbordaba en máximos históricos estaba basada en las expectativas de que Trump podría ser radical y difícil de sobrellevar como presidente pero efectivo para lograr que Estados Unidos fuera grande otra vez.

Es la fecha en que siguen esperando que se dé la fórmula mágica que combine la baja en el gasto social, vía eliminar el Obamacare, una reforma fiscal que disminuya drásticamente los impuestos a las empresas y a los más ricos y que de paso se gasten unos cuantos trillones de dólares en infraestructura.

Eso que tanto emocionó y disparó los precios de las acciones hoy aparece como una promesa muy difícil de cumplir. Vamos, si no es capaz de mantener en su puesto a su brazo derecho y oscuro que era Stephen Bannon, más complicado resultará reclutar legisladores que lo respalden en sus planes.

Hay que ver quién está a cargo de las políticas de la Casa Blanca para entonces tener una idea de si debemos esperar el Armagedón del libre comercio regional o si bien puede prevalecer el sentido común en una negociación que no será nada sencilla.

Y los mercados que tanto festejaban al republicano podrían estar en ese camino de aceptar su error, tomar sus pérdidas y adaptarse a la realidad de tener que desinflar la burbuja de las expectativas incumplidas.