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Hace 33 años ocurrió el primer capítulo del distanciamiento entre Alejandro Armenta e Ignacio Mier. Entonces, ambos militaban en el PRI. El primero –ahora gobernador de Puebla— nació en Izúcar de Matamoros; el segundo, en Tecamachalco –al otro lado de los volcanes— le lleva ocho años de edad.

Ambos coincidieron en Acatzingo, el antiguo señorío donde los Mier construyó su bastión. En Izúcar todavía está abierta Casa Armenta, originalmente una tienda de artículos deportivos abierta por don Ponciano. Sus hijos, Rafael (padre del mandatario morenista) y Raúl hicieron crecer el negocio en la puerta de la Mixteca.

Tras del divorcio de sus padres, Alejandro creció con Cholita, su abuela materna. Apenas 21 años y su única experiencia partidista era su militancia en el FJR de ese municipio cuando las elecciones de 1992 –que ganó Manuel Bartlett— dejaron una estela de conflictos municipales. Entre ellos, en Acatzingo.

Recién graduado como administrador público, el joven Alejandro contó con el respaldo de su abuelo materno para encabezar la planilla de ediles, en el plebiscito que repondría los comicios. Entre quienes lo apoyaron entonces estaba su primo Nacho, quien también sería colocado por la familia en el Congreso local en unos comicios donde el PRI no dejó un solo distrito de mayoría a la oposición.

Desde que se conocen se han tratado como primos, aunque ahora lo nieguen.

“En términos de consanguinidad (la relación) es lejana, de octavo o décimo grado, como bien lo dijo Alejandro”, reconoció el senador Mier apenas hace tres días durante una entrevista, “pero en términos de cercanía, de identidad, de cariño y de afinidad política es muy cercana”.

Su nexo familiar ha sido ampliamente explorado. Hace dos años, Nacho desde San Lázaro –donde encabezó la bancada morenista, tras de la salida de Mario Delgado—y Armenta desde la presidencia de la mesa directiva del Senado (cargo que obtuvo con el respaldo de Ricardo Monreal) buscaron la candidatura morenista para Puebla. Las encuestas aplicadas por la directiva partidista y la necesidad de llegar al 2024 sin fisuras zanjaron cualquier diferendo.

Pero no conjugaron las afrentas del pasado, ni las actuales. Y es que Mier Velasco —ahora con el respaldo de Adán Augusto López Hernández— ha comenzado una gira por la entidad, abrazado a la bandera migrante, donde sin recato ha hablado de sus intenciones de volver a estar en la boleta electoral… ¿en el 2027 o en el 2030?

Los estatutos de Morena proscribieron el nepotismo. Y la reforma electoral en ciernes podría también acabar con la reelección consecutiva. Mier Velasco solo podría optar por una posición local dentro de dos años… pero el gobernador se ha expresado tajantemente en contra: nadie que comparta sus apellidos podrá participar en los próximos procesos electorales.

Armenta Mier apenas lleva 10 meses en el cargo y su primo ha ratificado claramente sus intenciones de ocupar Casa Aguayo, tras de negar sus vínculos familiares en esa entrevista y en un video que ha circulado profusamente en redes sociales.

Alineado al claudismo, el gobernador de Puebla está comprometido a cumplir con las directrices del segundo piso de la Cuarta Transformación. Y su respuesta al deslinde de su primo ha sido ecuménico. “Quizá si van al Registro Civil y se cambian de apellido… sería la única manera”, atajó. “Es muy claro: el nepotismo está cancelado, por lo menos en el 27 y en el 30. Ningún familiar Mier, ningún familiar Armenta pueden participar en procesos electorales. Ellos aprobaron las leyes”.