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Los dos grandes derrotados de la elección de 2018, el PAN y el PRI, se disponen lamentablemente a tropezar con la misma piedra en las elecciones locales que vienen, en particular las del estado de Puebla.

Parecen no haber tomado nota de que presentarse con candidatos diferentes a una elección donde Morena es dominante equivale a regalar la elección por paliza.

Las cifras de Puebla son particularmente elocuentes al respecto. En una encuesta del 7 de mayo publicada por El Universal el candidato de Morena, Miguel Barbosa tenía intención de voto de 47 por ciento, por 23 por ciento del candidato del PAN y Movimiento Ciudadano, Enrique Cárdenas, y 14 por ciento del abanderado del PRI.

La participación del PRI en este caso no hace sino fortalecer la ventaja de Morena, pues le roba votos al candidato que podría ser competitivo y hace parecer irremontable la ventaja de Morena.

El PRI funciona en este caso como aliado electoral de Morena y algo habrá pactado como pago, al igual que el expresidente Enrique Peña Nieto, por facilitarle las cosas y aumentar la ventaja del ganador.

Para todos los efectos prácticos, el pluralismo político de estas elecciones es una simulación, pues solo hay dos verdaderos contendientes.

Las consecuencias para el estado de Puebla de un triunfo arrollador de Morena en el contexto nacional de hegemonía del mismo partido, no augura para la entidad, sino un gobierno de tan pocos contrapesos y tan desproporcionados poderes como el que tiene la República.

Un gobierno tiránico con un personaje como Barbosa al frente es lo peor que puede deseársele a ninguna entidad federativa. Pero es lo que parece que va a suceder, ahora con la complicidad tácita pero evidente del PRI.

Hay tiempo todavía para que la ciudadanía poblana tome nota de la catástrofe que le espera, y salga a la calle a decir no o, al menos, a hacer menos amplia la victoria de Morena.

Lo que los votantes puedan equilibrar en esto será en beneficio de ellos mismos, pues tras la candidatura de Barbosa solo es posible ver la alianza más tradicional e inescrupulosa de los peores linajes de la política poblana.

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