Pandemia por coronavirus (Cobertura especial)

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RubenCortes

Rubén CortésCanela fina

Las mayorías constituyen un campo fértil para el encantamiento de la comunicación facilona que vende soluciones instantáneas y convence al destinatario de que la culpa siempre es de otro que le quitó lo que merecía, porque todos son una punta de gandallas

Cuando sube decibeles a la propaganda de venganza, es más aceptado. El presidente lo sabía, pero si quería convencerse, en los últimos 21 días entendió que a las mayorías les interesan más el ruido, el circo que la prosperidad, la salud.

Su buen manejo de medios en Washington (llevó a cuatro dueños de medios), las ansias de la gente por ver presos a todos los que pueda, el éxtasis del pueblo ante la cama matrimonial del avión presidencial… Oh, qué gusto, qué gusto.

Este martes, el presidente tenía la aprobación más alta desde la gran baja que registró durante las protestas de mujeres a inicios de marzo pasado, al marcar ayer 52.7 por ciento en la encuesta diaria de Mitofski, en la cual lleva tres semanas seguidas de incrementos.

¿Que van 45 mil muertes por COVID (135 mil en el subregistro que admitió en NYT el doctor Gatell), 53 mil por violencia del crimen organizado, 18 millones de desempleados, caída del 20 por ciento del PIB? Nada: a las mayorías les atrae mucho más el espectáculo.

Se trata de conocer a tu gente: saber que dan un ojo por ver a otro ciego, una pata por ver a otro cojo. Por eso, en lo que no cederá es en dar luz verde al aumento del IEPS a refrescos, cervezas, cigarros, alcohol y papitas que pretende Morena.

El partido del presidente propone aumentar un peso de impuestos a cada cajetilla de cigarros, litro de refresco, cerveza y alcohol, bolsas de papas o de Cheetos para inhibir su consumo, porque la pandemia mata más a quienes fuman, beben y comen botanas.

Pero hasta ahí no. Porque vivimos en un país donde los ciudadanos gastan 500 pesos en libros al año, y tres mil pesos en alcohol y cigarros al mes. La más actual encuesta del INEGI indica que leemos muy poco y dedicamos los ratos libres a beber alcohol y fumar.

Las mayorías constituyen un campo fértil para el encantamiento de la comunicación facilona que vende soluciones instantáneas y convence al destinatario de que la culpa siempre es de otro que le quitó lo que merecía, porque todos son una punta de gandallas.

¿Qué 69.6 millones de mexicanos no tienen para comprar la canasta básica, 72.6 por ciento de mujeres que perdió el empleo no podrá retomar su trabajo tras la pandemia, que tenemos 24 millones más de personas en pobreza?

Nada: las mayorías consumen mejor aquello de que Lozoya mencionará a quiénes le digan que él les dio lana, el suspenso de que tiene videos estilo René Bejarano; o el éxtasis ante la cama matrimonial del avión presidencial… Oh, qué gusto, qué gusto.

Es que, compañeros, compañeras, para gobernar…

Tienes que conocer a tu gente.

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