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Notable que el dicho honestidad valiente haya acompañado la marcha del líder de la clase política más corrupta de la historia reciente de México.

Y que el lema de su acceso al poder y al dinero haya sido y siga siendo: Por el bien de todos, primero los pobres.

Está claro, sí, que los miembros de la “nueva” clase política que gobierna México usaron el poder para salir ellos de pobres. ¡Y con qué cifras!

Pongo comillas en “nueva” porque no hay mucha novedad en esa clase política. Es por su mayor parte un aluvión de reciclados de la vieja política priista, panista y perredista.

A los miembros del aluvión de reciclados los unió, en su momento, que habían sido desplazados de sus partidos y del gobierno cuando aún tenían hambre de presupuesto, ambición y algún capitalillo político qué poner al servicio de la nueva aventura, su nueva búsqueda de poder.

Pasaron sin inmutarse por las muecas de rechazo del morenismo novel y se acabaron apoderando del movimiento, como décadas antes el priismo disidente se apoderó de los partidos de izquierda.

Vista en perspectiva, la ambición convergente de los reciclados de Morena, empezando por su líder, fue devolverle a la política la autonomía que le habían quitado las restricciones democráticas, las leyes vigentes y los acuerdos internacionales.

Eso es lo que hicieron, en nombre de los pobres: suprimir las restricciones que tenían para mandar y medrar.

La esencia del cambio político de Morena consistió y consiste en esa regresión: “liberar” a quienes gobiernan de restricciones; suspender la rendición de cuentas, la inspección de los órganos autónomos, de las leyes, del Poder Judicial.

Lo han logrado casi todo, se han quitado las restricciones mayores que tenían y han legislado para sí, para ellos mismos, nuevas discrecionalidades gubernativas.

Un efecto directo de esta “liberación” es el tsunami de corrupciones que rebosan hoy de las más altas instancias del gobierno previo, refundador de la primacía de la política y los políticos sobre su sociedad.

En el tsunami de corrupción que vivimos queda claro que para la clase política de Morena los pobres fueron segundos, terceros o cuartos. Lo primero fue el dinero.