Presidente “chocho”

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Amador NarciaLiberales y Conservadores

Quizás AMLO ya está chocheando. Quizás es momento de ajustar el ritmo. Quizás no es el modelo ni el kilometraje, pero vaya que ha corrido sobre terracería

Desde hace meses, utiliza esa expresión para tratar de explicar algunas de sus acciones.

Particularmente cuando hace o dice cosas que sugieren que necea, que parece que trata de imponer un criterio sin sensatez plena.

Repetidamente ha dicho que es terco. ¡Vaya que lo es!.

Esa persistencia lo tiene donde está. Si hay alguien que ha luchado por lograr sus objetivos es él.

Pero esa obstinación, esa tenacidad, esa constancia, esa insistencia, no hace que siempre tenga la razón.

Ante una audiencia cautiva, que poco respinga o prefiere no hacerlo, invoca la pedagogía política para justificar la repetición de ideas, anécdotas de vida, citas bibliográficas y cuentas y cuentos que parecen no tener fin.

Lo hace, asegura, en beneficio de su audiencia joven, del voto joven al que quiere conquistar con sus dichos además de sus becas bimestrales.

De repente, también añora y se muestra nostálgico.

Acaso sea porque se acerca el tercer año de gobierno, porque por alguna razón decidió adelantar el proceso de su sucesión, porque la pandemia que dijo que “le vino como anillo al dedo”, en realidad le retrasó o le malogró sus planes o porque ya le queda menos tiempo que al inicio.

El caso es que ahora le ha dado por recurrir con mayor frecuencia a la música que le gusta, que le trae buenos recuerdos, que lo regresa a otros momentos en que poco o nada tenía, pero estaba ilusionado. En contraste con el presente en que lo tiene todo y, quizás no mucho lo ilusiona, en que los problemas se han multiplicado en la medida en que creció el poder político que ahora ostenta.

Poner música en la conferencia “mañanera” se remonta al 5 de noviembre de 2020.

Se estrenó con “La Casita”, de Oscar Chávez, “porque si no se hace aburrida la conferencia”.

El 22 de diciembre leyó a Antonio Machado y eso le dio pie para que pusieran “Para la libertad”, de Serrat.

Seis días después, el 28 de diciembre, se conmovió por el fallecimiento de Armando Manzanero y pidió su éxito “Adoro”.

El 3 de febrero de 2021, pidió música de Oaxaca porque se entregaron instrumentos musicales a niñas, niños y adultos oaxaqueños.

El 10 de mayo decidió regalar a las madrecitas “Amor eterno”, de Juan Gabriel.

El 19 de mayo, “Disculpe el señor”, otra vez de Serrat, “para los jóvenes”.

El 5 de agosto, amenizó con “Recuerdos del Borinquen”, interpretada por Marco Antonio Muñiz, dedicada a los migrantes.

El lunes de esta semana, “Déjame vivir”, interpretada por Juan Gabriel y Rocío Dúrcal.

Y ayer, “Los caminos de la vida”, de “La Tropa Vallenata”. Dijo que sí no, se haría muy aburrido.

Es así que el Presidente se ha tomado la licencia de hacer pausas en lo que él mismo ha convertido en el instrumento de gobierno más poderoso de su administración: la conferencia de prensa “mañanera”.

De 67 años de edad, el presidente no es un anciano.

Tiene un ritmo de trabajo que ya quisieran poder cumplir muchos. Pero esas ocurrencias, sí, nos recuerdan a algunos viejitos. Quizás ya está chocheando, como él mismo dice repetidamente. Quizás es momento de ajustar el ritmo. Quizás no es el modelo ni el kilometraje, pero vaya que ha corrido sobre terracería.

Monitor republicano
En la sucesión que ya vivimos, la arenga es constante en sus eventos públicos: ¡presidenta, presidenta, presidenta!.

A ver si la doctora aguanta el desgaste de los años que aún faltan para que inicie formalmente este proceso adelantado.

Por lo pronto ya emparejó la imagen y colores del gobierno de la CDMX con el del Gobierno federal.

Luce más “presidencial”.

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