Mañana domingo 5 de febrero, se celebrará en Querétaro el 106 aniversario de nuestra Constitución Política.

Debería ser un acto protocolario, sin más, pero este año lo distinguirá la presencia de quienes aspiran, por Morena, a suceder a Andrés Manuel López Obrador. Nuevamente, como en las plenarias de legisladores, tendremos otra pasarela de “corcholatas”.

Según la costumbre, hablarán representantes de los tres poderes de la Unión. Y, quizás también, el presidente. Hay expectación por el mensaje de la ministra presidenta. No es para menos, tendrá la oportunidad de responder al presidente todas las descalificaciones que le ha propinado al Poder Judicial.

Apenas fue elegida, el presidente celebró que fuera la primera mujer en esa responsabilidad, pero dijo que no buscaría reunirse con ella porque no tenía asunto que tratar. En cambio, dejó claro que la ministra Piña “siempre ha votado en contra de las iniciativas que nosotros hemos defendido”.

El 20 de enero, López Obrador sentenció que “se trata de un Poder Judicial, del antiguo régimen, con muchos vicios y mucha corrupción”. Cuatro días después: “tenemos que procurar que haya justicia y que no haya corrupción (…) antes todo esto se ocultaba, no se sabía qué hacían los jueces se daba libertad, y no pasaba nada. Era una norma que los fines de semana soltaban gente o el juez titular pedía vacaciones y quien quedaba, vámonos, a dejar en libertad a presuntos delincuentes”.

El 26 de enero le preguntaron ¿les tiene confianza a los ministros? Y sin dudar respondió: “No, no, quizás a algunos, uno, dos, tres, la mayoría viene del antiguo régimen y no se atreven a llevar a cabo una reforma de fondo en el Poder Judicial, aquí lo estamos viendo, lo que predomina, lo que impera es que solo se castiga al que no tiene con que comprar la inocencia. Ya deberíamos de pensar si le seguimos llamando Suprema Corte de Justicia, si acaso del derecho”.

No conforme, atizó: “Ayer me hablaban de que la presidenta de la Suprema Corte hablaba de que había que reactivar todo el sistema anticorrupción, pues que empiece por el Poder Judicial, tiene bastante trabajo, con todo respeto. Ahí está el Consejo de la Judicatura. Ustedes que son mirones profesionales, hagan un estudio. ¿A cuántos jueces, magistrados y ministros ha sancionado el Consejo de la Judicatura? Pídanles ese informe y van a ver que el Poder Judicial es como El Castillo de la Pureza”.

¿Se va a reunir con la nueva presidenta de la Corte?, le insistieron. Y sin empacho contestó: “no tenemos ninguna necesidad, no hay ningún acuerdo a tratar”.

Durante su primer discurso como presidenta, Norma Lucía Piña Hernández ofreció “una representación basada en las herramientas que me han guiado en lo que soy, en lo que somos como juzgadoras y juzgadores; estudio, reflexión, acción, autocrítica; honradez y empatía”.

¿Incluirá ese ofrecimiento tolerancia al límite del sacrificio?

Hay quien piensa que la ministra presidenta no ocupará los cinco minutos que le han dado, para responder a los ataques presidenciales. Que, si acaso, deslizará alguna frase, pero no más porque el Judicial depende del Ejecutivo en la protección de los jueces, de la inteligencia militar para detectar si corren riesgos y el presupuesto, que no estrangularía más aún por un instante de dignidad.

Si limitan la protección de los jueces expuestos, los suyos no se lo perdonarían. Y tampoco que les mochen más aún su dinero.
Por lo pronto, la ministra presidenta de la Corte ya les recetó su negativa a la Reforma Constitucional de Tabasco, impulsada por AGUSTO López, también votó en contra de las reformas al Instituto Electoral de la CDMX y la Ley Nahle que, de momento, impedirá a doña Rocío coronar su sueño sexenal de volverse gobernadora de su no estado natal.

Monitor republicano
Es pregunta: ¿a qué habría ido el ministro expresidente a Palacio Nacional en estos días? ¿A hablar de la gubernatura de su natal Querétaro o del puesto de Fiscal General, ahora que cafetean con ligereza a su titular actual?

Quizás sería por su terruño pues lo otro, dicen, le parecería poco para brillar lo que piensa que merece.