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El coordinador de la fracción de Morena en la Cámara de Diputados, Mario Delgado, siempre quiso que prevalecieran la civilidad y la ley, pero su bancada no lo respaldó. Por eso tuvo que lamentar que el de ayer fuera “un mal día para el partido”, porque terminó imponiéndose el intento de reformar la Ley Orgánica del Congreso General para mantener a Porfirio Muñoz Ledo en la presidencia de la Mesa Directiva.

Por fortuna se impuso la inteligencia y con la renuncia de anoche abortó ese porfiriato.

De no ser por Muñoz Ledo, de la cacareada cuarta transformación los morenistas habrían saltado hacia su enésima regresión.

El autocrítico lamento del diputado Delgado aplica, pero no solo para este martes de frustrado agandalle sino en otros actos del triunfalista y prepotente partido en el poder (¿qué tal sus contlapaches en Baja California con la ilegal prolongación de mandato y lo que hicieron sus camaradas veracruzanos con el fiscal Winckler?), cuya nomenklatura no parece tomar en serio lo que les advirtió quien le dio sentido a su existencia, Andrés Manuel López Obrador: que si no actúan dentro de la legalidad los mandará “al carajo”.

Desde el punto de vista jurídico, la pretendida reforma únicamente prosperaría si se refiriera no a ésta sino a la próxima rotación de la presidencia de la Mesa Directiva.

Lo bueno es que la maniobra de ayer no bastaba: las leyes deben ser aprobadas por ambas cámaras del Congreso, de modo que en el Senado la intentona podría ser bateada, a menos que Morena diera por perdidas todas las iniciativas presidenciales que requieran la aprobación de dos tercios del pleno.

Como sea que fuese, vaya problema que por poquito le trasladaban al coordinador de Morena en el Senado, Ricardo Monreal, quien acababa de sortear con éxito el relevo de la presidencia de la Mesa Directiva en ese cuerpo legislativo, pese a la marranada que la deshonesta Comisión Nacional de Honestidad y Justicia de su partido quiso hacerle y a la que el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación tuvo que recordar que no tiene autoridad alguna sobre militantes que fueron llevados por el electorado al Poder Legislativo.

El sainete deja sin calzones a Morena, pero confirma la calidad política y ética de uno de sus principales activos, Muñoz Ledo, quien había tomado en serio lo que pareció una más de sus ocurrentes puntadas: “Sufragio efectivo, sí reelección”.

Con su reconocida contribución a la modernidad política de México desde que con el ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas creó la Corriente Democrática en el PRI, el Frente Democrático Nacional y el Partido de la Revolución Democrática; con más de 60 años de notable carrera pública y hoy con 86 de edad, Porfirio no merecía colocarse en el centro de una porquería facciosa. Por sus propios méritos, por supuesto, por teléfono y por si acaso, estaba obligado a desligarse del cargo. De paso, continuará divirtiéndose al recordar que sus cuates le decían Perfidio solo por joder.