Minuto a Minuto

Entretenimiento Muere en Argentina integrante del espectáculo infantil ‘Bely y Beto’
De acuerdo con la información difundida, Samuel Garza acompañaba al equipo de Bely y Beto durante la etapa de la gira por Argentina cuando ocurrió el fallecimiento
Internacional Delcy Rodríguez asegura que trabaja en “plan maestro” para la reconstrucción de Venezuela
Rodríguez aseguró que su administración ya trabaja en un plan para La Guaira que permita su recuperación en infraestructura y vivienda
Nacional Decomisan más de ocho millones de cigarrillos falsos en Colima
La ANAM detalló que el decomiso de cigarrillos es el resultado de las medidas de control implementadas de manera coordinada entre las instituciones
Nacional UNAM suspende temporalmente inscripciones y entrega de documentos para licenciatura
La UNAM señaló que la revisión del Concurso de Ingreso 2026 continuará hasta concluir las acciones para garantizar la certeza del proceso
Nacional Despiden a Valentín Lavín Romero, alcalde de Temoac, en medio de un gran dispositivo de seguridad
El homenaje a Lavín Romero no pudo realizarse en la presidencia municipal porque la Fiscalía de Morelos mantiene el inmueble bajo resguardo

Leyendo el discurso de Enrique Ochoa como nuevo presidente del PRI he pensado, en un rapto de política ficción, que quizá el presidente Peña Nieto no está preparando un destape a la antigüita del candidato presidencial del PRI, sino que este es, de hecho, su destape presidencial. Al menos, su primer destape.

Ochoa se plantea en su discurso tareas de liderato, renovación y continuidad que le urgen al gobierno de Peña Nieto.

Primero, quiere encabezar la campaña anticorrupción contra los gobernadores de su propio partido y contra los de otros. Es la campaña contra la corrupción que el PRI parece incapaz de abanderar sino al precio de sus propias bajas, campaña fundamental para el gobierno si quiere reponer algo de su menguada aprobación y disputarle el tema a las oposiciones.

Segundo, Ochoa asume sin titubear el horizonte de reformas de Peña Nieto, que parecen perdidas en la opinión pública pero son un hecho en la Constitución, en las leyes secundarias y en las instituciones derivadas de ellas. Es el único proyecto de gobierno real que hay en el país. El proyecto que el próximo gobierno está obligado a cumplir, mientras no cambien las leyes.

Tercero, Ochoa asume la presidencia del PRI como vocero activo de ese proyecto, el lugar desde donde el gobierno enfrentará a los medios, hablará con la sociedad y discutirá con sus competidores.

Cuarto, plantea la vinculación directa del gobierno federal priista con el PRI mediante una continua interlocución de miembros del gabinete con estructuras locales del partido.

Las debilidades del destape priista de Ochoa apenas pueden ocultarse. No es de ahí, no conoce el gallinero, ni a los gallos ni a las gallinas. Llega al PRI en estado adánico, apenas salido del paraíso, inocente del todo respecto de la realidad del priismo realmente existente.

Pero este es el estado en el que salían al ruedo muchos candidatos presidenciales del PRI desde, por lo menos, José López Portillo. Remediaban su ignorancia adánica yéndose de gira al país para aprender. Esto es lo primero que va a hacer Ochoa, con su gira de cien días.

La varita mágica de aquellos candidatos adánicos se llamaba en mis tiempos “la cargada”. Amigos y enemigos sabían que ese candidato era “el bueno” y esto añadía rápidamente adhesiones impensables de otro modo.

Al PRI derrotado de estos días le urge saber quién es “el bueno”. Pienso, en mi rapto de política ficción, que Ochoa es una primera respuesta de Peña.

[email protected]