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La semana pasada señalé que en México la polarización no se ha propagado hacia la sociedad en su conjunto. Las descalificaciones que se expresan en las redes están lejos de reflejar un sentir general.

Según Consulta, la gran mayoría de los encuestados no considera que quienes tienen preferencias políticas distintas sean malos ciudadanos, corruptos o menos patriotas.

Aun así, sería posible que entre algunos sectores las diferencias políticas llegasen a condicionar las valoraciones personales. Por ejemplo, podría ser que quienes tienen identidades partidistas fuesen menos tolerantes con quienes no las tienen, que a la inversa. Al estar más politizados, los primeros podrían llevar sus simpatías al terreno personal.

Lo cierto es que los datos no arrojan ese resultado. Ni siquiera el apoyo o rechazo al presidente López Obrador, tal vez el factor que más alimenta los choques de posiciones en el mundo digital, impacta significativamente las valoraciones personales de los ciudadanos.

Es cierto que aquellos que aprueban al Presidente se ubican más a la izquierda y se identifican mayoritariamente con Morena, lo cual muestra que sus preferencias e identidades políticas son distintas a las del bando contrario. Aun así, esas diferencias no trascienden al ámbito privado.

Ni siquiera en cuestión de corrupción, tema central en el discurso presidencial, se perciben grandes desencuentros. Apenas 16 por ciento de los afines al Presidente piensan que quienes tienen otras preferencias políticas son corruptos o deshonestos; tan solo un punto porcentual arriba de lo reportado entre sus críticos.

Tampoco se registran diferencias cuando se pregunta a los participantes si aceptarían ser amigo o pareja de alguien que no comparta sus convicciones políticas. El rechazo nunca excede 15 por ciento y no hay un patrón que sugiera que un grupo sea menos tolerante que el otro en este sentido.

Para la gran mayoría de los mexicanos, las diferencias políticas, que sin duda las hay, no adquieren un carácter personal. Solo una minoría juzga negativamente o dice que rechazaría en su vida privada a quienes no coinciden políticamente con ellos. Es solo en las redes donde la mayoría vuelve personales las diferencias políticas.