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Desde el punto de vista de la política social, México es como un paciente que ha mejorado en su enfermedad crónica, pero no tiene doctores ni medicinas para las otras.

Nuestra enfermedad crónica es la pobreza. Su metástasis, quizá su origen, es la desigualdad.

La zona más aguda de la enfermedad crónica, la pobreza extrema, no mejoró, sigue igual. Y su metástasis, la desigualdad, se agudizó en la crisis.

Tiene razón el Presidente en celebrar la mejoría en la pobreza. Empareja las cosas en la parte media baja de la tabla. Pero su gobierno no tocó la pobreza extrema, no fueron esos los pobres que atendió.

El gobierno repartió más dinero en efectivo que antes. Según el Coneval, 3.5 de los 8.9 millones de mexicanos que salieron de la pobreza, lo hicieron por ser beneficiarios de algún programa social.

Cuando uno compara el gasto de esos programas con lo gastado en Pemex, CFE, Dos Bocas, el Tren Maya, o en cerrar el aeropuerto de Texcoco y construir el AIFA, no puede sino concluir que había más dinero que repartir.

El gobierno invirtió en cosas improductivas dinero que pudo ir a los pobres: los pobres de México pudieron recibir más. Por su simple estoicismo ante la pandemia y ante la crisis económica, como dice Xóchitl Gálvez, merecían más.

Merecen más.

Por otra parte, el gobierno tomó decisiones que abrieron un desfiladero social donde no lo había. Al destruir el Seguro Popular, dejó sin acceso a la salud pública a 30 millones de mexicanos, según el Coneval.

Vistas desde este ángulo, las cuentas de la mejoría en la pobreza salen de otra forma.

En palabras de Julio Frenk, el creador del Seguro Popular:

“Hubo un avance en el combate a la pobreza porque los ingresos promedio mejoraron con los programas de transferencia a las familias.

“¿Pero de qué sirve que a un pobre le llegue más dinero si lo tiene que usar para pagar las medicinas que no le da un buen servicio de salud?

“Ese pago de bolsillo explica por qué se duplicó el número de hogares que tienen gastos catastróficos, hasta llegar a 4.7 millones, casi 5 millones de hogares” (en entrevista con López Dóriga, 10/8/23).