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Para que Petróleos Mexicanos sea el motor del crecimiento a la vuelta de tres años, es necesario que la economía mexicana llegue a esa cita con condiciones de poder tener tasas de crecimiento positivo.

Con una reducción en la carga fiscal de Pemex, sin compensar esa sangría al presupuesto con otros impuestos, implicaría reducir más el gasto. Y ya vimos qué es lo que pasa cuando, por ejemplo, se quitan recursos del sector salud para otros proyectos prioritarios como la promoción del beisbol o el Tren Maya.

Destapar un hueco para tapar otro, es una buena forma de garantizar que no se incurra en mayor endeudamiento, ni en problemas macroeconómicos futuros. Pero si el decreto presidencial que viene para que hacienda deje de exprimir a Pemex implica mayores recortes presupuestales, puede esta administración autoinfringirse una crisis presupuestal.

Petróleos Mexicanos debe pagar impuestos como cualquier otra empresa del sector privado, la carga mayor viene en los derechos de aprovechamiento de los productos que extrae, los derechos de utilidad compartida. Ahí pueden venir descuentos en la tasa del impuesto, pero tendría que ser un beneficio parejo para cualquier otro participante del sector energético en México.

Los impuestos por extracción han bajado considerablemente desde el siglo pasado cuando eran auténticamente confiscatorios para la utilidad de Pemex. Pueden bajar más, sin duda, pero deben ser suficientes para aportar al gasto público y deben ser generalizados a la empresa pública pero también a las privadas. De lo contrario, sería una ventaja autoritaria a un competidor, por más que se trate de Petróleos Mexicanos.

Además de la reducción de la carga fiscal a esta empresa, es prácticamente un hecho que se mantendrán las transferencias desde el presupuesto federal hacia la empresa, sobre todo en la medida en que los mercados se perciba algún riesgo de incumplimiento en sus vencimientos financieros.

Claro que un incentivo fiscal siempre viene bien, pero los problemas de Pemex tienen mucho que ver con la enorme carga financiera que tiene, para servir sus enormes pasivos, y con lo que implica llevar a cuestas un pasivo laboral enorme.

La mejor medicina para Pemex no es seguir alimentando su estructura anquilosada con más grasa, como la construcción de la caprichosa refinería de Dos Bocas. Pemex necesita concentrarse en el negocio más rentable que tenga, que es sin duda la extracción de petróleo y tener el tamaño justo para hacer esa actividad.

Si la baja en la reducción tributaria, más las transferencias, recaen en una empresa atrofiada, será dinero perdido. Y, por el contrario, abrir más boquetes en el gasto público cierra el círculo vicioso de la desaceleración económica.

Aunque del otro lado, dejar la puerta abierta para que la 4T se aviente una reforma fiscal que aumente la recaudación da pavor ante lo probado de su pensamiento anacrónico y dogmático sobre cómo conducir al país.

El hecho de que el presidente anuncie que las medidas fiscales que piensa para Pemex serían validadas con un decreto presidencial y no a través de una propuesta de modificación legal en el Paquete Económico, a presentarse en septiembre al Congreso, ya deja dudas sobre la calidad de los ajustes por venir.

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