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Con los largos intervalos de prosperidad, los países pierden el sentido a lo trágico, olvidan que los estados pueden morir, que los levantamientos pueden ser irreparables, que el temor puede convertirse en el medio de la cohesión social…

Es una tesis de Henry Kissinger en Un mundo restaurado (FCE, 1973), para explica las razones de la histeria de alegría que recorrió Europa al estallar la Primera Guerra Mundial, como una respuesta social de los europeos al hecho de haber vivido, de 1814 a 1914, los 100 mejores años de su historia.

Y, otro pensador, el antropólogo mexicano Roger Bartra, explica en El País, que en muchos mexicanos se ha instalado la idea de un cambio solo porque quieren patear el avispero y están aburridos, atraídos por el peligro, para huir del tedio.

“La democracia es aburrida y un poco de agitación política, de emoción, aunque se ponga en peligro al país. Hay esa actitud en México, en sectores intelectuales, de la clase media, aunque ha crecido mucho la clase media y ya es mayoritaria”, argumenta el autor de Cultura y melancolía.

Se trata de una pérdida masiva de la memoria histórica que ha provocado que naciones enteras se suiciden. Por ejemplo, cuando Venezuela se entregó al populismo de Hugo Chávez, en 1998, la democracia de Venezuela era la envidia de los demócratas mexicanos.

Desde los años 60, era asombroso el funcionamiento del sistema democrático venezolano, si se le comparaba con el sistema político mexicano, donde el PRI fue el partido hegemónico durante siete décadas, hasta que en el 2000 se abrió a la democracia.

Hoy, Venezuela es un país quebrado económicamente por el populismo y vive en dictadura de facto, con solo un millar de pequeñas empresas sobrevivientes a reiteradas olas de expropiaciones, y apenas tres medios de comunicación libres, de más de 150 que había en 1998.

Pero Venezuela votó a Chávez por lo que Roger Bartra explica como la idea de un cambio, porque la democracia es aburrida, solo por querer patear el avispero, atraída por el peligro, para huir del tedio. Igual sucedió en Cuba con el festejo del fin de la democracia, primero en 1952 y, después, en 1959.

La Habana era, junto con Viena y Londres, la mayor capital del mundo en proporción de habitantes. Sólo en la capital cubana había 18 periódicos, 32 emisoras de radio y cinco canales de televisión. Se construían en Cuba cinco mil edificios por año, el PIB per cápita era de 374 dólares…

Era una democracia desde 1902 y tenía, desde 1940, la única Constitución socialdemócrata de América Latina. Pero los cubanos patearon el avispero, atraídos por el peligro, para huir del tedio.

Porque los pueblos se suicidan.