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Celebro coincidir con Eduardo Guerrero en el diagnóstico sobre las verdaderas consecuencias de la minuta reformada por el Senado sobre la Guardia Nacional.

“El Presidente”, dice Guerrero, “no pierde gran cosa con las modificaciones que acordaron los senadores… Hay un artículo transitorio que le deja un plazo de cinco años, prácticamente el sexenio completo, para hacer uso de las fuerzas armadas como mejor le convenga. Por si fuera poco, es muy probable que también termine por imponerse su visión de una Guardia Nacional reclutada, entrenada y dirigida desde la Sedena” (https://bit.ly/2tAWscD).

Respecto de las posibilidades de una estrategia de seguridad pública que incluya una especie de pax narca, como sugerí ayer en este espacio, el propio Guerrero publicó hace tiempo en la revista Nexos un artículo notable: “Narcotráfico SA”. Exploraba el mundo del narcotráfico en la lógica de un negocio como cualquier otro, salvo que ahí la competencia es a balazos (Nexos, enero 2009).

Según Guerrero, la democratización del país había destruido el antiguo pacto de tolerancia con el narcotráfico de los gobiernos hegemónicos del PRI, y registraba la nostalgia con que se hablaba en algunos círculos de la eficacia del pacto roto.

El pacto había sido resumido en un decálogo no como defensa, sino como consignación de aquella nostalgia, por un ex gobernador: “1. No muertos en las calles; 2. No drogas en las escuelas; 3. No escándalos mediáticos; 4. Entrega periódica [al gobierno] de cargamentos y traficantes menores; 5. Derrama económica en las comunidades; 6. No proliferación de bandas; 7. Cero tratos con la estructura formal del gobierno (policías o funcionarios judiciales); 8. Cobrar errores con cárcel, no con la vida; 9. Orden y respeto en los territorios; 10. Invertir las ‘ganancias’ en el país”.

El ex gobernador de referencia era Ricardo Monreal, hoy presidente del Senado. Publicó el decálogo en este mismo diario, en un artículo llamado “Narcoterrorismo”, el 23 de septiembre de 2008.

Concluía Guerrero:

“Ninguna autoridad puede ya pactar este tipo de acuerdos. La centralización política del viejo régimen ha desaparecido y el gobierno federal ya no tiene la capacidad de garantizarlos”.

Quizá la centralización ha vuelto y el pacto es posible otra vez.