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Con la revolución soviética muerta, la cubana boqueando en su agonía y la mexicana padeciendo una desaseada “transformación”, este 15 de septiembre propicia rescatar algunas reflexiones filosóficas acerca de los grandes movimientos de masas, así sean tan pesimistas como las de Emil Cioran.

Hijo de padres rumanos, nació en 1911 en un condado transilvano que fue parte del Reino de Hungría (territorio austrohúngaro hasta 1921 que por el Tratado de Trianón fue integrado a Rumania), murió en París en 1995 y la mayor parte de su obra la escribió en francés.

Su desánimo lo plasmó en aforismos y sentencias fulminantes. En Historia y utopía y Breviario de podredumbre dejó frases que parecen escritas para cualquier época en que los pueblos creen estar entrando al paraíso.

Aquí algunas:

––“Los pueblos no aman a los libertadores: aman a los futuros tiranos”.

––“Toda revolución no hace sino cambiar de amos”.

En su lógica, la historia no avanza: rota.

––“Los pueblos necesitan figuras; convierten a algunos en héroes, los héroes se institucionalizan, la institución se endurece, estalla la revuelta, nace otro salvador y el ciclo recomienza”.

––“El héroe es un tirano en potencia”.

––“Quien quiere salvar a los hombres acaba por oprimirlos”.

––“Se derriba un ídolo para erigir otro”.

Y una ecuación brutal:

––“La multitud necesita fe; deposita esa fe en un salvador, el salvador se vuelve dogma, el dogma exige obediencia, la obediencia se convierte en coerción y la coerción engendra hartazgo que a su vez fabrica otro redentor… y vuelta a empezar”.

Definió:

––“Una multitud no se libera: cambia de cadenas”.

Cioran desconfiaba del entusiasmo colectivo porque sabía que detrás del fervor suele incubarse una férrea jerarquía:

––“No hay fanatismo que no engendre verdugos”.

––“Todo apóstol es un tirano en ciernes”.

No es que Cioran negara la injusticia, negaba la inocencia del poder:

––“Toda forma de poder acaba por volverse abusiva”.

Y remataba:

“La historia es la ironía en marcha”.

Si algo subrayó fue la necesidad humana de creer:

–– “Los hombres necesitan creer; cuando dejan de hacerlo, inventan”.

–– “Las masas solo se apasionan por los ídolos”.

––“La historia no es más que una procesión de falsos absolutos”.

––“Cada época presume haber encontrado la fórmula definitiva de la redención pero termina perfeccionando una nueva servidumbre”.

De ahí su sentencia más incómoda:

––“Los hombres derriban a sus dioses para adorar otros más recientes”.

El de Cioran no es cinismo gratuito, sino diagnóstico:

––“Quien promete salvar termina administrando obediencias”.

Y es que quien habla en nombre del pueblo termina hablándole al pueblo como si éste fuera menor de edad.

Con su pesimismo lúcido, Cioran habría advertido que toda épica política contiene el germen de su caricatura.

Quizá su veredicto más incómodo siga siendo el más vigente:

––“Las revoluciones solo sirven para cambiar de tiranos”.

Hay que mirar la historia sin consignas porque “no se sigue a un hombre, se sigue a una ilusión…”.

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@CarlosMarin_soy