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El problema de México y Estados Unidos no se resolverá si en lugar de la necesaria unidad nacional sigue alentándose la división social y atizado el encono entre chairos y fifís, esgrimiendo que la honestidad valiente acabará con la neoliberal corrupción.

Desde 2004, con el intento de desafuero del entonces jefe de Gobierno y catapultada en 2006 con la derrota voto por voto, la invención del “fraude electoral” y la proclamación de una “presidencia legítima”, la sociedad mexicana se ha estado escindiendo cada día más, inclusive a niveles familiares, hasta llegar en este 2019 a la disyuntiva falaz de que los buenos se impondrán a los malos.

En este clima convulso, Andrés Manuel López Obrador tiene la honrosa responsabilidad, si no de neutralizar y menos “vencer”, al menos atemperar los efectos de la embestida de Trump, lo que se antoja impensable sin una genuina unidad nacional.

Impermeable a las criticas y sincero cuando alardea con su “Me canso ganso”, el Presidente ha sido reiterativo en que nada lo hace echarse para atrás (“ni para tomar impulso”) pero, a seis meses en el cargo, está hoy más que nunca obligado a reconsiderar algunas de las decisiones que ha tomado y que han generado mayor deterioro de las instituciones, la economía y el ánimo público.

Ayer, antes de que para mi mala suerte se conocieran las recomendaciones de la Confederación Patronal de la República Mexicana, pensé en escribir aquí sobre la inutilidad de que López Obrador encabece mañana en Tijuana el “acto de unidad en defensa de la dignidad de México y en favor de la amistad con los Estados Unidos” a que ha convocado. Me deprime que vaya a realizarse porque lo equiparo con una serenata de despecho al pie de la ventana de la mujer que se pretende o, peor, en una protesta con mentadas de madre ante la fortaleza en que las huestes del poderoso tirano se desternillan de risa.

Minoritario en extremo porque hablo solo por mí, pinto mi raya frente a quienes de la Coparmex les quepa el saco de integrar una “minoría rapaz”, pero coincido plenamente con la petición de que el Presidente afronte “con firmeza, dignidad, eficacia y pragmatismo” la que parece ya fatal imposición de aranceles y en que el mitin de hoy será tanto un desperdicio como una ociosidad. También creo que debe echarse para atrás y acudir a la reunión de jefes de Estado del G-20 (a la que irá Trump) y del Consejo General de la Organización Mundial de Comercio porque, efectivamente, son foros multilaterales “idóneos, donde se puede lograr equilibrar las asimetrías económicas y geopolíticas que existen entre México y los Estados Unidos”.

Iluso debo ser porque, estando contra la pared y sin embargo, López Obrador dijo ayer mismo que “se han portado muy bien las autoridades de Estados Unidos…, Trump. Porque no se han cerrado al diálogo…”.

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