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Hace cinco años, 11 formaciones políticas estaban en campaña en Sinaloa para renovar los 18 ayuntamientos, las 24 diputaciones locales y la gubernatura. Los protagonistas eran dos senadores con licencia: Rubén Rocha Moya y Mario Zamora, ambos candidatos comunes de dos bloques ideológicamente confrontados.

Rocha Moya, originario de Badiraguato y exrector de la Universidad Autónoma de Sinaloa, abanderó a Morena y al Partido Sinaloense; Zamora –exdirector de la Financiera Rural, cercano a José Antonio Meade— fue postulado por el PRI, el PAN y el PRD. Hubo otros seis candidatos, que sumaron apenas 8% de los 1.1 millones de votos emitidos aquel 6 de junio.

Esos comicios fueron concurrentes con la elección federal, intermedia en el sexenio lopezobradorista. La izquierda nunca había ganado la gubernatura y Rocha Moya —quien tres años antes había llegado al Senado— tuvo que hacer campaña con sana distancia, en medio de la última oleada de la contingencia sanitaria por la Covid-19.

Después de 60 días de proselitismo y tres debates, el abanderado de Morena y el PAS obtuvo 56.6% de los votos, por 32.4% de Zamora, quien impugnó los resultados no obstante que la diferencia entre ambos fue de más de 265,000 votos.

En las horas previas a la apertura de las casillas, el candidato aliancista se quejó de la retención de su estructura electoral y durante la jornada hubo denuncias por el robo de urnas, perpetrados por grupos armados, sin identificar.

Esas denuncias tiene una tardía confirmación, en la acusación formulada por los fiscales federales en la Corte de Nueva York. Mientras hacía campaña, el entonces abanderado morenista se habría reunido con Iván y Ovidio Guzmán para formalizar un acuerdo. Los Chapitos podrían garantizar su victoria en las urnas. Si así ocurría, prometió Rocha Moya, funcionarios cercanos al ocuparían puestos relevantes en el gobierno estatal.

El contador Enrique Díaz Vega, quien sería secretario de Administración y Finanzas, dio seguimiento al acuerdo de Rocha Moya con Los Chapitos. En una reunión con Iván, Alfredo (Guzmán) y otros miembros de alto rango del cártel, les entregó una lista de los oponentes de Rocha Moya y sus direcciones, para que los Chapitos pudieran intimidar a los operadores aliancistas, quienes fueron obligados a retirarse de la elección.

Y para garantizar el triunfo del candidato de Morena a la gubernatura de Sinaloa, los líderes del cartel ordenaron a sus miembros por Rocha Moya, quien cumplió con su promesa. Desde entonces, acusaron los fiscales estadounidenses, “el cártel cuenta con decenas funcionarios gubernamentales corruptos que protegen sus operaciones, sus líderes, su territorio, sus laboratorios, sus rutas de tráfico y su dinero”.

Efecto secundarios

ENREDOS. El Estadio Akron, próxima sede mundialista, enfrentaría severos problemas de conectividad por una disposición del cabildo de Zapopan, encabezado por el emecista Juan José Frangie Saade, que mantiene inutilizadas casi 300 torres de telecomunicaciones. Las empresas telefónicas y las compañías operadores afectadas han recurrido a consultores para tratar de solucionar el problema, pero llevan un mes y no logran quitar los sellos de clausura. ¿Y la Comisión Federal de Telecomunicaciones?

COSTEÑOS. El anfitrión habría sido el exgobernador priista, Rubén Figueroa. La reunión, en la Ciudad de México. Un cónclave de exgobernadores al que acudirían —de acuerdo con fuentes gubernamentales— Ángel Aguirre Rivero y Héctor Astudillo Flores, además del actual coordinador de la bancada tricolor en la Cámara alta, Manuel Añorve Baños. Sobre los temas abordados, imposible saber. Pero los eventos inmediatos (los improperios contra la senadora morenista Beatriz Mojica, el más notorio) son notorios.