Desde la resistencia custodiaré el oficio de amar la escritura y entregársela sin trampas. A mi tribu de artesanos les digo: que la fuerza nos acompañe
El pasado 15 de mayo el papa León XIV publicó su primera encíclica Magnifica Humanitas sobre la custodia de la persona humana en tiempos de la Inteligencia Artificial. No soy papista pero Prevost Martínez es matemático, filósofo y doctor en derecho canónico, es la cabeza de mil 422 millones de católicos en el mundo; su opinión tiene peso. En su encíclica expresa la necesidad de proteger la verdad, la dignidad humana, la comunicación y señala el uso indebido o excesivo de la IA en los diferentes aspectos de la vida humana. Citó a Hannah Arendt: “El desinterés por la verdad conduce lenta pero inexorablemente hacia el totalitarismo… los súbditos ideales no son tanto aquellos ideológicamente convencidos, sino las personas para quienes ya no existe la distinción entre el hecho y la ficción (es decir, la realidad de la experiencia) y la distinción entre lo verdadero y lo falso (es decir, las normas del pensamiento)”. Reflexiona sobre el poder de la tecnología y la responsabilidad compartida. La IA debe ser utilizada para el bien de todos, escribió, para un desarrollo humano integral y cuidando el impacto ambiental que genera por las enormes cantidades de energía y agua que consume.
Las máquinas son una herramienta poderosa que puede ser utilizada para beneficio de la humanidad. En la industria de la salud, la química o la farmacéutica —por citar algunas— se han generado avances y hallazgos extraordinarios. Cada día más personas en su ámbito laboral o de estudios utilizan el chat GPT para la redacción de sus textos. No puedo distinguir entre un video o una fotografía real y los generados por la IA, pero sí puedo hacerlo si se trata de un texto, serán los años en el oficio. ¿Qué ocurre con la literatura? Olga Tokarczuk, Premio Nobel, generó conmoción al declarar que utiliza la IA como una herramienta en la investigación preliminar de su proceso creativo: pide sugerencias acerca del desarrollo de ideas, eso sí, enfatizó que ninguno de sus textos ha sido redactado por una IA. Hay una línea muy fina que puede traspasarse: ahora cualquiera crea desde una IA y puede impostar las formas y el tono de otros. Los que dedicamos nuestras vidas al oficio de la escritura nos vemos amenazados: tejemos palabras unas con otras desde la víscera, la mente y el corazón, les damos forma a través de nuestras emociones, desde nuestra persona. Somos pedreros que levantan una casa esculpiendo las piedras con nuestras propias manos.
Lo que usted lee aquí es lo que soy: los libros que he devorado en más de cinco décadas, las horas de estudio, los 20 años de escritura, mi humanidad. Poseo la dignidad del artesano, la paciencia del urdidor de palabras. Confíe en que cada texto que le entrego está regado con horas de atención, que el punto final es la última piedra de la casa que construyo con mis ideas. Desde la resistencia custodiaré el oficio de amar la escritura y entregársela sin trampas. A mi tribu de artesanos les digo: que la fuerza nos acompañe.
