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Tras la muestra, ayer, de dependencia del poder Judicial al Ejecutivo, sólo falta cambiar la Constitución para que el jefe del Ejecutivo se pueda reelegir, como en los populismos de Venezuela, Bolivia, Nicaragua, Ecuador, aliados ideológicos del actual régimen.

Porque el presidente ya lo advirtió en La Jornada el lunes siete de septiembre:

“Yo termino, si así lo decide la gente, en 2024, y no vuelvo a participar en política, a ocupar ningún cargo ni a aspirar a nada, porque siento que contribuí y vendrán otros”.

Y la autollamada Cuarta Transformación sigue sin desvíos el libro de los 46 gobiernos populistas que se han registrado en el mundo de 1990 a la fecha: 17 de ellos cambiaron la Constitución para ampliar su mandato y eliminar todo contrapeso legal.

La estadística se puede leer en (https://institute.global/insight/renewing-centre/populist-harm-democracy).

De todos modos, no hará nada el actual gobierno de México que no hayan hecho antes los gobiernos populistas de la región, especialmente la dictadura chavista de Venezuela, que es una especie de espíritu santo del populismo latinoamericano.

En Venezuela, Chávez modificó la Constitución para poder salir reelegido indefinidamente, y crear nuevas instancias de Gobierno, una nueva organización administrativa del país y cambiar el sistema socioeconómico para implantar el socialismo.

Luego, su sustituto, Nicolás Maduro, convocó a una Asamblea Nacional Constituyente para redactar una nueva Constitución, que le permite mantenerse en el poder sin el engorro de transitar el requisito de las elecciones con candidatos de oposición.

En Ecuador, Correa aprobó una nueva Ley Fundamental que reforzó sus poderes para manejar a criterio personal la política monetaria, crediticia, cambiaria y financiera, disolver el Parlamento por inspiración divina y poder reelegirse.

En Nicaragua, Ortega cambió la Constitución para garantizar su reelección indefinida. Antes, ya se había reelecto violando la Constitución, que establecía que no podía ser presidente quien ocupara el cargo o lo hubiera ocupado en dos ocasiones.

En Bolivia, Evo Morales promulgó una nueva Constitución para refundar el país y reelegirse dos periodos presidenciales. Sin embargo, violó la misma Constitución que promulgó para poder reelegirse de por vida.

Aquí, la Corte le aprobó ayer al presidente una solicitud (que un ministro calificó previamente de “concierto de inconstitucionalidades”) para juzgar a cinco expresidentes por decisiones políticas que tomaron desde 1988 y que no le gustaron al actual presidente.

Quiere decir que, si los ministros le aprobaron al mandatario un concierto de inconstitucionalidades, le pueden aprobar lo que les vuelva a pedir, tanto como modificar la Carta Magna para poder reelegirse, como ya hicieron sus aliados ideológicos de la región.

Ya lo dijo: “Yo termino en 2024, si así lo decide la gente, y no vuelvo a participar en política”.

La gente: no esta Constitución.