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El pasado domingo en el periódico El Universal, dos inteligentes mujeres, admiradas por quien escribe lo que usted lee, Sabina Berman y Sara Sefchovich, abordaron, cada una con un enfoque diferente, el mismo tema: el desplegado firmado por 650 académicos, escritores, cineastas, periodistas, intelectuales y uno que otro acarreado, en donde manifestaron que “la libertad de expresión está bajo asedio en México. Con ello, está amenazada la democracia. El presidente López Obrador utiliza un discurso permanente de estigmatización y difamación contra lo que él llama sus adversarios. Al hacerlo agravia a la sociedad, degrada el lenguaje público y rebaja la tribuna presidencial de la que debería emanar un discurso tolerante”.

AMLO consideró a las y los firmantes –aquí sí aplica el deplorable “las y los”– como conservadoras y conservadores que apoyaron a los presidentes anteriores y que recibieron de ellos beneficios. La licenciada y maestra de Sociología, doctora en Historia, periodista y autora de libros científicos y de ficción, Sara Sefchovich, quien apareció entre las firmantes, se sintió aludida por la afirmación del habitante de Palacio Nacional, por lo que expresó que respecto a su persona lo mencionado por el mandatario es falso, que ella ha pasado su vida adulta criticando a los poderosos en su espacio periodístico y en sus libros, cursos y conferencias. Que jamás ha ocupado un cargo público ni ha recibido dádivas, premios o becas de parte de la autoridad.

Manifestó que firmó “el desplegado para protestar por el clima de linchamiento que desde el poder se ha creado contra los intelectuales y los periodistas críticos”. Manejó una cifra proporcionada por el diario español El País: en el 2020 se han cometido 45% más agresiones contra los susodichos que en el mismo período del año pasado; una cada 11 horas. Algunas agresiones han sido mortales.

Escribió un enunciado que hago mío: “No soy de oposición, pero tampoco de adulación”. En el mismo orden de ideas comunes, la señora Sefchovich terminó su artículo revelando que apoyó el proyecto de López Obrador de “cambiar al país y a las prioridades políticas y sociales, así como de combatir la corrupción, pero el excelente fin no justifica los pésimos medios que se están usando”.

Por su parte, la exitosa dramaturga y novelista, conductora de televisión y periodista, Sabina Berman, expresó su adhesión sin reservas a la defensa de la libertad de expresión, así como a enmendar el odio y la difamación del diálogo público. Pero se pregunta. “¿a qué libertad de expresión se refieren los redactores del desplegado cuando dan por hecho que ha existido sana y clara, y ahora recién está amenazada?”.  Esa “libertad de expresión que acababa donde el presidente en turno decidiera”.

Sabina va a la verdadera causa del desplegado: la decisión de López Obrador de “cerrar el grifo del dinero público a los medios”. Además les recrimina a los abajo firmantes el faltar a la verdad al no decir que la “supuesta ‘libertad de expresión’ del pasado era una libertad castrada y que ahora opera sin sujeciones”.

En su texto, la dramaturga reconoce que no le gusta que el presidente se pelee con los intelectuales neoliberales en las mañaneras. Que no está de acuerdo con que la Función Pública haya sancionado a la revista Nexos. Y que no le agradó que Paco Ignacio Taibo II,  perdiera los estribos e invitara a dos escritores a irse del país.

Termina con lo que llama una idea radical: “Si queremos una libertad de expresión no asediada por la mentira y el odio, al contrario, virtuosa en la búsqueda de la Verdad y la Justicia y animada por la simpatía por el Bien Común, practiquémosla”.

Tal vez parezca paradójico pero yo, un simple ciudadano que tiene la oportunidad de opinar, estoy de acuerdo, en términos generales, con lo expresado por las dos magníficas, inteligentes y respetables señoras.