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Una vez más la periodista Azucena Uresti ha sido objeto de un ataque desde el poder. Antes, fue amenazada por el cártel de Jalisco Nueva Generación por la cobertura que en agosto pasado realizó de la lucha del crimen organizado por el control de territorio michoacano.

Hoy por desgracia el ataque viene de nuevo desde Palacio Nacional y de parte de Andrés Manuel López Obrador, porque al Presidente simplemente no le gustaron los comentarios de la conductora de Milenio y Radio Fórmula por el operativo de cercos y vallas montado por la marcha del Día Internacional de la Mujer que de manera cíclica ha sido infiltrada por grupos de encapuchadas muy violentas.

Llama la atención la sensibilidad presidencial y de sus seguidores ante este comentario. Tal parece que han quedado atrás los elogios y reconocimiento que prodigaron ellos y otros a Azucena por su desempeño en los debates realizados en la elección presidencial de 2018, en la que fue señalada por su profesionalismo, inteligencia, valentía y respeto.

Pero Azucena Uresti simplemente está haciendo su trabajo y es común que el periodismo, si está bien hecho, incomode a los poderosos. Pero los políticos mexicanos y de todo el mundo carecen en su gran mayoría de una real vocación por seguir, preservar y defender los valores de la democracia, entre ellos la libertad de expresión dentro de la que se encuadra el ejercicio periodístico.

Por eso los políticos de todas las latitudes o los grupos de interés consideran que un medio o un periodista son buenos y rectos cuando cuando su trabajo les beneficia de alguna manera, pero cuando son criticados o exhibidos los mismos periodistas y medios responden a “oscuros intereses”.

Es una lógica similar a la de los candidatos que cuando ganan una elección dicen qué hay democracia pero si la pierden aseguran que hubo fraude.

Por eso no se debe dejar de repetir en este contexto que el periodismo no tiene como función servir al poder sino a la sociedad y que la información periodística de buena calidad es un bien para un país y sus instituciones.

No es la primera vez que Uresti es objeto de las presiones de parte de la oficina presidencial. Apenas la primera quincena de enero de este año Ana Elizabeth García Vilchis pretendió desmentirla de un caso de abuso de elementos de la Guardia Nacional contra tres jóvenes en Los Reyes, Michoacán, a pesar de que la reportera presentó videos en los que se ve cómo fueron detenidos y despojados de una camioneta u sólo uno de ellos apareció vivo y agredido.

Caso parecido al del video difundido por Azucena en que se ve a una policía de Perote, Veracruz dando de tablazos a una persona detenida y por el cual la periodista criticó al gobierno de Cuitláhuac García el que se ha caracterizado por registrar más de dos mil casos de abuso de autoridad.

Se preguntan los defensores del gobierno por qué la conductora presenta y exhibe este tipo de casos. La respuesta es sencilla: porque es periodista y hace su trabajo. Pero no sólo por eso, sino porque se dedica en cuerpo y alma a la información todos los días y a todas horas y hay testimonio de ello.

Esa es la fuerza de Azucena.