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Hay muchos elefantes en la sala desde donde el gobierno lanza su reforma electoral contra la reelección y el nepotismo.

Hace mucho tiempo, de hecho nunca en mi memoria, que no había tantas familias, reconocibles como tales, incrustadas en los altos árboles genealógicos del poder. Vivimos un aluvión nepotista y prebendario de Morena.

Hay algunos apellidos que son legión en la política nacional y otros que crecen exponencialmente en los estados, donde familiares de gobernadores y sus amigos cercanos aparecen en el cruce de recientes y prósperos negocios que dependen del poder político.

El elefante mayor de todos pinta para ser Andrés Manuel López Beltrán, hijo del ex presidente López Obrador, a quien su padre, o la presidenta Sheinbaum, o “el movimiento” han puesto en el lugar preciso para ser arquitecto, ingeniero y factotum de Morena.

De seguir las cosas como van, en 2029, luego de seis años de manejar Morena, de poner y quitar candidatos de Morena, de volver Morena una pirámide clientelar de 10 millones de militantes, el hijo del ex presidente no podría ser sino el candidato presidencial de la pirámide que habrá construido.

¿Con qué la construirá?

Con el poder del Estado que su padre le hereda a través de Morena y de la continuidad política de su proyecto, sostenido por el gobierno federal y por decenas de gobiernos estatales.

El mayor caso de nepotismo en marcha que hay en la República es el que encarna Andrés Manuel López Beltrán, de cuya red de amigos y negocios la prensa independiente ha divulgado suficientes casos.

La ley contra el nepotismo promovida por la presidenta Sheinbaum es muy bienvenida, dada la tendencia del partido que la llevó al poder a meter a la familia en la nómina.

Pero ya que ha puesto esa palabra en el centro, la Presidenta no puede ignorar que el primer nombre que viene a la cabeza con ella, en el México de hoy, es el del hijo del ex presidente, cuyo nepotismo, al parecer, quiere ir mucho más allá de repartir la nómina entre los parientes, quiere hacer presidente a su hijo.

¿Estamos frente a eso? ¿Un nepotismo con aspiraciones dinásticas?