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Hay lealtades que no se improvisan. Se construyen con el tiempo, en la adversidad y en la convicción profunda de un proyecto. Hoy, tanto la presidenta Claudia Sheinbaum como la gobernadora Rocío Nahle representan esa fidelidad política que ha acompañado por más de dos décadas al movimiento encabezado por Andrés Manuel López Obrador.

El origen de esa relación no es reciente ni circunstancial. En el caso de Sheinbaum, su primer acercamiento con López Obrador se dio a inicios de los años 2000, cuando él asumió la Jefatura de Gobierno del entonces Distrito Federal. Ella, con formación científica y una trayectoria académica sólida, se integró a su equipo como secretaria de Medio Ambiente. Desde ahí comenzó una relación política basada en la confianza y la coincidencia de proyecto.

Por su parte, Rocío Nahle se sumó al movimiento tiempo después, pero en un momento clave: durante la consolidación de la oposición de izquierda que daría paso a la creación de MORENA. Su cercanía con López Obrador se fortaleció en las giras, en el trabajo territorial y en la defensa energética, convirtiéndose con los años en una de sus operadoras más leales.

No se trata solo de cercanía personal, sino de una coincidencia ideológica sostenida en el tiempo. Mientras muchos cambiaron de bando según la conveniencia, ellas permanecieron firmes, caminando desde la oposición hasta la consolidación del poder. Esa constancia hoy se traduce en responsabilidad: gobernar bajo los principios que durante años defendieron.

Sin embargo, la lealtad también implica retos. Ser parte de un mismo proyecto político durante tanto tiempo exige demostrar que no solo se es fiel a una figura, sino a la ciudadanía. La continuidad no puede ser sinónimo de inercia. Debe reflejar evolución, resultados y autocrítica.

En un país marcado por la volatilidad política, donde las alianzas suelen ser efímeras, la permanencia de perfiles como Sheinbaum y Nahle abre una discusión necesaria: ¿la lealtad fortalece la gobernabilidad o limita la pluralidad?

La respuesta no es simple. Pero lo que es innegable es que, tras más de 20 años de acompañamiento, hoy tienen en sus manos algo más grande que un proyecto político: la oportunidad de demostrar que la fidelidad también puede traducirse en resultados tangibles para la gente.

Esta columna se publica los lunes, miércoles y viernes