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La masacre de antier en un Walmart de El Paso, Texas (como con alta probabilidad la ocurrida en un bar de Dayton, Ohio), fue un abominable crimen de odio en que la inquina de Donald Trump contra los migrantes ha servido de catalizador.

El presidente de Estados Unidos se muerde la lengua cuando, al pretender curarse en salud, niega una realidad que atiza cotidianamente: “El odio no tiene cabida”, quiere hacer creer y, como si fuese un sano sujeto, diagnostica que tales matanzas expresan “un problema de salud mental…”.

A él aludió (al fin diplomática, explicablemente sin decir su nombre) la embajadora de México en Estados Unidos, Martha Bárcena, en un tuit: “El discurso xenófobo y racista conduce a los crímenes de odio. Indispensable construir un discurso de tolerancia, respeto y compasión. La comunidad hispana contribuye de manera fundamental a la sociedad estadunidense. Necesitamos trabajar por la paz en comunidad ambos países”.

Oportuna y adecuada declaración la del canciller Marcelo Ebrard, precisando que las acciones legales a que se refirió el sábado por las víctimas mexicanas serán por terrorismo (en este caso racial); delito preciso que investigan la las autoridades estadunidenses y que le llaman “terrorismo doméstico”.

Tanto en El Paso como en Dayton fueron jóvenes blancos los perpetradores de las matanzas (el primero fue detenido, el otro abatido por la policía).

Patologías mentales aparte, los crímenes masivos que se perpetran en Estados Unidos no se darían con regularidad si no fuera tan sencillo comprar armas de fuego. De ahí que hoy se repita la sobada cantaleta del belicoso Trump, el fiscal general de EU y los gobernadores de Texas y Ohio: verán qué medidas podrían aplicar para frenar la accesibilidad de cualquier hijo de vecino a todo tipo de pertrechos.

Hora y media antes del tiroteo en el Walmart circuló en internet un manifiesto contra la “invasión hispana de Texas”, detallando un plan para dividir EU en territorios por raza. “Si podemos deshacernos de suficientes, entonces nuestra forma de vida puede ser más sustentable”, rezaba el texto bajo el título La verdad incómoda, de autor desconocido. El escrito está inspirado en la masacre de 51 musulmanes (marzo pasado) en dos mezquitas de Nueva Zelanda. Son proclamas dirigidas a los afectados de supremacía racial, deschavetados que siguen a un neofascista francés llamado Renaud Camus, quien imagina y propala la estupidez de que las élites del Viejo Continente conspiraron para sustituir con poblaciones de África y Medio Oriente a los europeos blancos.

A través del ciberespacio, la relación entre el asesino de El Paso y el tirador en Nueva Zelanda se da en el manifiesto difundido 90 minutos antes: “Apoyo al tirador de Christchurch (ciudad en la costa este de Nueva Zelanda) y su manifiesto. Este ataque es una respuesta a la invasión hispana de Texas”.

En México urge bajarle al discurso del odio…

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