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Raro que la presidenta Sheinbaum se haya envuelto en la bandera para defender a dos bancos y a una casa de bolsa, señalados por lavado de dinero en un reporte oficial estadunidense.

Intercam, CIBanco y Vector no representan a México, ni siquiera a un porcentaje significativo del sector financiero de México.

No se entiende que la Presidenta haya salido a defender estos negocios privados como si fueran México, exigiendo reiteradamente pruebas, con el tono implícito de que las pruebas no existían.

Más de veinte veces pidió pruebas la Presidenta, en un corto alegato, o desafiando a que fueran presentadas, como sugiriendo que no existían.

Tenía razón en parte la Presidenta: las acusaciones en cuestión no podían darse automáticamente por verdaderas. Pero tampoco por falsas.

Eran y son un potente aviso sobre irregularidades que deben investigarse, justo mediante la decisión que tomó la Secretaría de Hacienda al día siguiente: intervenir los bancos y la casa de bolsa para su administración.

El día en que se difundieron los hechos, tuve el gusto de comer con gente del sector bancario y financiero. Me gustó su reacción ante los hechos.

Tenían una actitud de clara alarma, pero una alarma productiva. Habían recibido las malas noticias como una advertencia práctica, útil, de que debían checar doblemente sus protocolos de control y cortar rápidamente cualquier contagio de las irregularidades denunciadas con sus propias instituciones.

Y no sólo en relación con el lavado de dinero por opioides con China, sino, en general, respecto de las normas de cumplimiento internacional que podría exigir de aquí en adelante el vecino.

La posición de ofensa nacional asumida por la Presidenta agravó, me parece, lo que buscaba evitar: que creciera el escándalo político asociado al empresario Alfonso Romo, dueño de Vector, dada su condición de empresario garante en el gobierno de López Obrador.

El daño reputacional para los bancos y la casa de bolsa parece irreversible. El mismo día del anuncio, empezaron a migrar ríos de cuentas y clientes a otros bancos.

La Presidenta agravó con su alarma el daño reputacional sobre la 4T por la mención de Romo en el escándalo.

Los dichos sobre la honestidad de Morena sonaron particularmente huecos en esas horas.