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El gobierno descansa su precaria política de comunicación en el criterio del ciudadano promedio de un país donde el 63 por ciento de quienes tienen 25- 64 años cuenta con educación por abajo de la media superior, y 25 millones ven tele exclusivamente por las narcoseries y los programas de entretenimiento.

Sólo así se entiende que, a una semana de la detención y liberación de dos capos del narcotráfico en Sinaloa, el gobierno siga sin dar una versión oficial de lo ocurrido, que fue considerado por NYT “una humillación al gobierno mexicano” y por El País “una derrota moral para México”.

En cambio, aquí el gobierno ha dado casi una decena de versiones sobre el desastre del jueves pasado, y el presidente anuncia cada mañana que al día siguiente seguirá informando sobre la captura y liberación de los capos, aunque termina casi siempre hablando de béisbol, en lugar de lo prometido.

Sin embargo, al gobierno le va muy bien en esa masa de personas de entre 25 y 64 años, que según el estudio “Panorama de la Educación Mundial” tienen el promedio educativo más bajo de los países de la OCDE, donde el 22 por ciento en ese rango de edades sí cursó la educación media superior.

De ahí que sea únicamente sea en medios digitales donde es cuestionada la política de comunicación del gobierno, con un 40 por ciento de desaprobación y apenas 10 por ciento de apoyo, aunque ni tanto, eh, porque el 50 por ciento no participa ni en favor ni en contra.

Parece normal, si se tiene en cuenta que en las mediciones del INEGI, en el país nos gastamos al año sólo 500 pesos en libros, mientras al mes gastamos tres mil pesos en alcohol y cigarros. Y según datos de la SEP, el 70 por ciento en educación básica es incapaz de leer con fluidez y comprender textos.

Es en ese contexto en el que a nuestro canciller se le hace fácil anunciar que Estados Unidos regulará el ingreso de armas a México, lo cual es imposible porque la Constitución de aquel país permite la libre compraventa de armas, las cuales seguirán llegando aquí mientras no sea prohibida su venta allá.

Y afirmar que Estados Unidos apoya la decisión del gobierno de capturar y liberar a un capo del crimen organizado con petición suya de extradición, cuando al mismo tiempo el hijo del presidente estadounidense escribe que “la anarquía en México es la razón por la que necesitamos un muro fuerte”.

O que, el día después de Culiacán, que ha sido el mayor caos del país en años, el presidente prefiera cuestionar a un reportero y hacer la reseña de un juego de pelota.

Así es México, hoy.