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Confieso haber leído más de una vez la revista Selecciones del Reader’s Digest. Exceptuando su nombre –más bien su apellido–, la publicación era de fácil lectura. Recuerdo alguna de sus secciones: La risa remedio infalible; Enriquezca su vocabulario; Citas citables y Mi personaje inolvidable. Esta última la escribían lectores que reseñaban la vida azarosa de personas conocidas de ellos, protagonistas de actos heroicos o de algún suceso entrañablemente humano.

En mi columna del pasado jueves, al hacer la lista de amigos a los que se llevó el 2020, surgió el nombre y el recuerdo del profesor César Núñez Ramos, de quien hoy escribiré. Él permanecerá en mi memoria y en la de quienes lo conocieron por su vida limpia, su lucha por las reivindicaciones sociales, su vocación magisterial, su amor por México y en particular por su tierra natal. Nació en Yextla, Municipio Leonardo Bravo, estado de Guerrero. Estudio en la Normal de Ayotzinapa de donde egresó en 1960. También estudió en la Universidad Autónoma de Guerrero una licenciatura en Matemáticas. Hubiera podido decirse licenciado pero él siempre prefirió el título de maestro, profesión que ejerció, orgullosamente, desde que se graduó hasta que se jubiló.

Lo conocí en una reunión bohemia en la casa de una amiga que luego sería su pareja hasta el final de su vida. Esa noche, acompañado de su guitarra cantaba, con gusto y estilo, los boleros de moda y otros que sólo él sabía. En una pausa alguien le ofreció: ¿Qué te sirvo? Agüita, fue su respuesta. Yo que en aquel entonces pregonaba que “alegría que no provenga del alcohol es ficticia” le comenté a quien estaba conmigo, el cuate nada más toma agüita y no se agüita.

Nos hicimos amigos y a través de nuestras charlas supe que sus padres, maestros rurales durante el cardenismo, le inculcaron la ideología de izquierda a la que fue fiel a morir. (Nunca tan bien aplicada la expresión).

Recién egresado de la Normal Raúl Isidro Burgos, fundó, con otros compañeros y bajo el liderazgo del maestro guerrerense Othón Salazar, el Movimiento Revolucionario del Magisterio (MRM) con la intención de mejorar el salario y las condiciones de vida de los maestros y, sobre todo, independizar el Movimiento del charrismo sindical y la tutela del gobierno. En el grupo de jóvenes se encontraba Lucio Cabañas quien en la lucha por lograr un país distinto, donde los pobres gozaran de igualdad de oportunidades, optó por la guerrilla. César que compartía los ideales de Lucio pero no la forma violenta de lograrlos, continuó en la batalla pacífica dando la cara. Sufrió represión y los caciques priistas lo expulsaron de Guerrero.

Si bien era un apasionado de la izquierda, toleraba la discrepancia y estaba abierto a la crítica. En la búsqueda de sus ideales abanderó la causa de Andrés Manuel López Obrador. De regreso a su patria chica tuvo el mérito de fundar el Movimiento de Regeneración Nacional (Morena) en Guerrero, tal y como AMLO lo reconoció y expresó, urbi et orbi, cuando César murió.

En el gobierno de la 4T trabajaba como delegado del Bienestar en Acapulco. Lo atacó el maligno coronavirus. En su posición política cualquier otro hubiera solicitado atención inmediata. César, sabedor de que había muchas personas enfermas antes que él, se formó en la fila como hijo de vecino. Cuando por fin le llegó su turno, el Covid-19 había avanzado, tuvo que ser internado. César tenía 78 años y más ganas de vivir que un chamaco. Estuvo 33 días sosteniendo una pertinaz guerrilla contra la enfermedad sin derrotarla. Murió el 11 de octubre. César Núñez Ramos, uno de esos hombres a los que Bertolt Brecht llamó imprescindibles: los que luchan toda la vida. ¡Qué diferencia con Lord Vacuna y familia! ¿No le parece?

Meme de Año Nuevo

Descubrieron que el que tradujo las predicciones mayas del fin del mundo era disléxico y escribió 2012 en lugar de 2021.