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A un atentado como el del viernes en contra del secretario de Seguridad Ciudadana de CdMx, Omar García Harfuch, solo se le puede responder con unidad. Así lo dijo ese mismo día, a partir de la experiencia en su país Roberto Pombo, director de El Tiempo de Colombia, en entrevista con Denise Maerker.

Y, sin embargo, si uno revisa las reacciones en redes por el atentado, lo que resalta es precisamente la falta de unidad. Mientras, para unos, el atentado muestra el fracaso de la estrategia de seguridad del gobierno federal, para otros refleja un intento de desestabilización de la derecha. México, partido en dos.

La misma impresión queda si uno escucha al Presidente hablar sobre los conservadores o si uno revisa las críticas al gobierno en todos y cada uno de los temas vigentes. Sobre todo, porque no se vislumbra en lado alguno la mínima disposición para conceder validez a los puntos de vista del contrario.

Con todo, esta polarización no ha permeado al nivel social ni define las relaciones interpersonales. Hoy por hoy, todavía es un fenómeno de “élites”. No creo que la población se distinga entre conservadores o liberales, y sabemos por las encuestas que el grueso de los ciudadanos se ubica en el centro del espectro ideológico.

Algo muy distinto es lo que vemos en Estados Unidos, donde los ciudadanos cada vez se definen más por sus posiciones ideológicas. Las posturas liberales o conservadoras se refuerzan cada vez más, lo mismo que la antipatía entre ambos grupos. Basta ver los recientes enfrentamientos entre los seguidores de Trump y quienes reclaman una reforma policial.

Allá, hasta el uso de mascarillas por el covid-19 se ha vuelto tema ideológico y motivo de riñas entre quienes las usan y los que se niegan a hacerlo, al grado de volverse un símbolo de la profunda división cultural en ese país.

En México, la polarización no ha tenido esos alcances, pero seguramente los tendrá si el golpeteo político continúa. Los liderazgos cuentan y si esa es la apuesta para ellos, eventualmente la polarización llegará a las calles e incluso a las familias. Y entonces sí, la posibilidad de responder unidos a desafíos como el del viernes pasado se habrá esfumado por completo.