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En memoria del Dr. Juan
Rebolledo Gout

El primer ministro canadiense, Mark Carney, tuvo una intervención memorable en el Foro de Davos. Con un lenguaje sencillo, pero profundo, y al margen de la estridencia, el buen economista —y ahora extraordinario estadista— dio por muerta la pax norteamericana. Lo dijo el representante del país que ha sido el aliado de Estados Unidos más consistente y cercano, además de vecino y socio comercial.

Quizá la parte más relevante, al menos para México, es su tesis central: o te unes con otros para ser comensal en la mesa de negociación de los fuertes, o serás el platillo. Canadá ha resuelto ser lo primero.

Las palabras de Carney representan una desaprobación de la estrategia de intentar “llevar la fiesta en paz” con Trump. Las concesiones nunca serán suficientes, porque no existe sentido de reciprocidad. Trump concibe las relaciones internacionales —incluso con socios y aliados— como un escenario de guerra. Hay que someter al de enfrente, sin cuidar consecuencias ni límites legales; menos aún la civilidad política y diplomática o, siquiera, el simple sentido común.

México, en cambio, ha resuelto ser el menú. La soberanía ha quedado reducida a una retórica que solo convence a los ya convencidos, mientras el país sufre las consecuencias de un orden económico internacional fracturado. La debilidad —aconseja el canadiense— obliga a reconocer la realidad y actuar en consecuencia. Justamente lo que no se ha hecho.

El gobierno de México, como ningún otro, ha aportado a la administración Trump aquello que más valoran sus gobernados: seguridad fronteriza y freno a la inmigración ilegal. También ha entregado casi un centenar de delincuentes, algunos sin sentencia, al margen de los procedimientos de extradición. Además, modificó el régimen comercial mediante aranceles a países asiáticos. En casi todo se ha cedido: agua, sanidad animal, vigilancia aérea y pronto hasta en la suspensión de hidrocarburos a Cuba.

Se aproxima la revisión del acuerdo comercial. Canadá ha elevado su apuesta y no sería impensable que contemple su salida si no se alcanza un entendimiento justo. México podría resultar beneficiario pasivo del riesgo ajeno, pero para ello habrá que actuar como comensal y no como parte del menú.