Minuto a Minuto

Nacional IMSS investiga muerte de cinco recién nacidos en Durango
Autoridades de la delegación estatal y del nivel central supervisarán las investigaciones y el desarrollo del caso
Nacional Hombre sufre quemaduras graves tras descarga cerca del Metro Cuauhtémoc
El STC aclaró que que, según el testimonio del afectado, la descarga ocurrió en el exterior de la red de transporte
Nacional ‘El Pachangas’, alumno del Cetis 33 de Azcapotzalco asesinado
El alumno asesinado frente al Cetis 33 de Azcapotzalco fue identificado como 'el Pachangas'. En redes sociales se lucía con un arma de fuego
Internacional Trump encarará a la ONU entre guerra contra Irán y diplomacia
El conflicto, lanzado en enero por Estados Unidos e Israel, está a punto de cumplir siete meses sin haber alcanzado su objetivo
Entretenimiento “Hay Alejandra para mucho tiempo”, afirma ‘la Guzmán’ tras lesión en la cadera
Alejandra Guzmán anunció también la presentación de una demanda contra un médico que la lastimó mientras estaba en el hospital

Al final de su artículo sobre la baja solidaridad de los mexicanos, glosado ayer en esta columna, Leo Zuckermann cita un estudio de valores hecho por Manuel Rodríguez Woog y Guido Lara para la revista Nexos en 2011.

“En proporción abrumadora”, concluye ese estudio, “los mexicanos creen en sí mismos más que en el país donde viven. Todo o casi todo lo esperan de su propio esfuerzo, poco o nada de la calidad política, económica o social de la nación que han construido.

“A falta de un sueño común o una visión solidaria que vincule los destinos individuales, los mexicanos tienden a poner sus sentimientos de pertenencia en la familia. No existe más, si alguna vez existió, algo parecido a un sueño o una aspiración común, un sueño mayoritario que comparta siquiera la mitad más uno de los mexicanos. Se diría que la unidad nacional ha volado en pedazos” (http://bit.ly/2yTfosj).

He ido a consultar el estudio y me ha parecido más que pertinente su lectura. El resumen de sus hallazgos sigue así:

“La apuesta al propio esfuerzo y el refugio en la familia como mundo nuclear, dibuja, con fuertes trazos, la imagen de un ciudadano que desconfía de sus élites, en particular del gobierno, y mira hacia el país con un sentido crítico acusado que incluye el resentimiento de creerlo un país rico y no haber recibido suficiente de él.

“La confianza casi irrestricta en sí mismo y la desconfianza radical en el Estado y sus instituciones, arrojan el perfil de lo que provocativamente hemos llamado un liberal salvaje. Estamos frente a un ciudadano que no reconoce otro ethos que el del bienestar personal y familiar, ni otro derecho que el de resolver su vida con los medios a su alcance, perjudiquen estos o no a su comunidad y a su nación”.

El estudio identifica la existencia de “al menos cinco temperamentos mexicanos, en muchos aspectos incompatibles entre sí”, divididos porcentualmente de la siguiente manera:

1. Nostálgicos tradicionalistas: 30% de la población; 2. Soñadores sin país: 25%; 3. Pesimistas indolentes: 20%; 4. Optimistas sobre el futuro: 16%; 5. Nacionalistas inconformes: 9%.

¿Suena familiar?

[email protected]