Pandemia por coronavirus (Cobertura especial)

Mexicanos en Los Ángeles

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José Luis CuevasBalón al óleo

Es imposible no asociar el positivismo bien comprendido -en su momento- de Javier Hernández, con el trabajo de dos peloteros mexicanos que ya han escrito sus nombres con letras de oro

Instalado en el tren de Los Dodgers, ya con un poco más de oxígeno, lectura y conocimiento de lo que hemos visto ésta semana en La Serie Mundial, valoro mucho -sin caer en exageraciones- lo que han hecho tanto Víctor González, como Julio Urías; muy cerca de ahí, en la zona más exclusiva de L.A., un mexicano que fuera ejemplo para muchos, pasa una de sus rachas y momentos deportivos más complicados. Es imposible no asociar el positivismo bien comprendido -en su momento- de Javier Hernández, con el trabajo de dos peloteros mexicanos que ya han escrito sus nombres con letras de oro.

No podemos dejar de lado que el deportista primero es persona y que sus vivencias son las que determinan sus alcances en todo ámbito, seguramente Julio, en algún momento, tuvo en CH14 una motivación e inspiración, y en esta rueda de la fortuna, no siempre se puede estar arriba, es el conocimiento y la asimilación de los tropiezos los que determinan el tiempo que se está abajo.

Los mexicanos de Los Ángeles siempre tendrán mi respeto, prácticamente todos llegaron a L.A. para “buscar una vida mejor”, y aunque suene a cinta de indocumentados, esta semana Julio Urías se ha graduado como un ejemplo más de superación, trabajo y éxito, uno más en una ciudad que está llena de grandes historias.

Es imposible no mencionar a Fernando Valenzuela en esta hazaña angelina que ahora Víctor González y Julio Urías pueden presumir, tuvieron que pasar 32 años, se tuvieron que jugar más de 5 mil partidos, gastar más de 3 mil 600 millones de dólares para que los Dodgers pudieran conquistar el séptimo título de Serie Mundial, por ello, valoro mucho lo hecho por los dos mexicanos.

Mientras todos discutíamos y cuestionábamos el sábado la decisión de Dave Roberts de sacar a Urías con el juego prácticamente ganado, el destino se encargó de darnos a todos motivos para creer, no fue casualidad que la serie llegara a un sexto juego, González tenía que adjudicarse el triunfo y Urías el salvamento, el guión estaba escrito, sólo teníamos que ser pacientes.

Hablaba de la rueda de la fortuna porque pocos conocen la historia detrás de Urías y González, los años de esfuerzo que ha simbolizado mantenerse en el roster de Los Ángeles Dodgers, en el caso de Urías, lo que ha sido pelear contra todo desde temprana edad, con un tumor en el ojo izquierdo, Julio ha tenido que  valorar la vida y la visión desde pequeño, fichando con Dodgers desde los 16 años, la experiencia de 8 años en las grandes liga ha tenido de todo, desde estar lesionado prácticamente un año, vivir en la penumbra de una suspensión de 20 juegos por violencia doméstica y hoy tocar el cielo con las manos, además de ser uno de los héroes de la Serie Mundial.

La historia de González, quizá menos conocida, es por mucho otra clara muestra de superación y sueño americano, también con pasado en los Diablos Rojos del México, el nacido en Tuxpan, Nayarit, tuvo que vivir un poco más a distancia el sueño de llegar a las Grandes Ligas, en 2012 fue comprado por los Dodgers y después de estar varios años prestado en equipos filiales de divisiones menores, este 2020, González recibió la oportunidad de integrar el roster de Dodgers, el nayarita respondió con argumentos sólidos y ha sido una grata revelación.

Los números de Urías en postemporada ya superan al legendario Fernando Valenzuela, ser protagonista en una Serie Mundial es un sueño alcanzado por Julio, ahora viene lo más difícil, mantenerse, ser figura con el equipo angelino, asimilar el éxito y seguir siendo ejemplo, de González se puede esperar una renovación de contrato millonaria o una venta a un equipo donde pueda tener mayor protagonismo, después de todo, han demostrado estar a la altura de la exigencias de un equipo que había vivido 32 años en la penumbra. Toca ir con calma, prohibido no “imaginar cosas chingonas”, también tú Javier, después de todo, la rueda de la fortuna sigue girando y un mexicano en Los Ángeles sabe que rendirse no es opción, un mexicano siempre será ejemplo.

HASTA LA PRÓXIMA 

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